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Crónicas asiáticas

Ana Aranda Vasserot

Las Barbies de Kunming

anaarandavasserot@gmail.com

 


Kunming desde la ventana

¿Alguien sabe lo que es la felicidad?

Yo sí, ya veis, tengo ese privilegio, y no es que esté tocada por la mano de dios o me haya tocado la lotería, es que desde hace tres semanas vivo en Kunming, al sur de China.

Soy lo que se dice una suertuda. Estoy en una ciudad china más bien pequeña, dentro de los parámetros chinos, la población es de casi cuatro millones. Poco, comparado con Shanghai, donde viven casi 19 millones de personas. Kunming no está apenas contaminada, la polución se extingue de forma natural porque la ciudad está situada en una meseta muy elevada, unos 2000 metros, rodeada de montañas. Hay ciudades en China donde literalmente no ves el sol en días.

En Kunming el sol no se olvida de salir todos los días y las chicas chinas tampoco se olvidan de sacar su paraguas; lo utilizan de parasol porque no quieren ponerse morenas. Estar moreno es indicio de pertenecer a una clase social baja; los campesinos chinos que trabajan de sol a sol tienen la piel morena y ajada. La aristocracia española de siglos pasados evitaba por la misma razón los rayos del sol, estaban tan blancos que se podía estudiar el sistema sanguíneo en su rostro, de ahí la expresión “ser de sangre azul”.


Lijiang

Kunming es conocida como “la ciudad de la primavera” por su clima, no por su aspecto. No es una ciudad especialmente bonita, en la misma provincia está Lijiang, conocida como la “Venecia del este” por sus puentes y canales. Kunming  está patas arriba en un continuo proceso de cambio; desde mi ventana cuento diez grúas, pero por la ciudad hay cientos. Aún así, la vida de los kunminenses no está tan occidentalizada como la de los pekineses y por ahora el aspecto de la ciudad es más chino que otra cosa.


Baozi

La ciudad está plagada de tiendas locales, diminutas, de apenas seis metros cuadrados, una detrás de otra. Tabaco, ropa interior, puesto de Baozi, que es un bollo cocido al vapor que se toma en el desayuno, zapatería, tienda de bolsos, otro puesto de baozi, otra tienda de ropa interior… y así calles y calles. No hay zona de compras, toda la ciudad ocupa esta zona. Porque luego están los mercados, que son realmente asombrosos, algunas calles del rastro de Madrid recuerdan un poco estos mercados, pero los de Kunming tienen mucho más encanto. Y luego están las tiendas de marcas occidentales, que están prácticamente vacías y que ocupan diez tiendas de las chinas.


Garita de vigilancia

No todo es positivo. La vida de un kunminense es limitada.  Entre otras cosas, los matrimonios son concertados. También es cierto que habría que investigar si estos acuerdos tienen más éxito que el matrimonio por amor. Bromas aparte, el problema es que los kunminenses no son dueños de su destino por razones evidentes. La mayoría de los chinos no tienen herramientas,  ni capacidad para pensar por sí mismos. Aunque también es cierto que los occidentales no aprovechamos el mayor grado de libertad que poseemos y, quizá por nuestra propia responsabilidad personal, vivimos una falsa sensación de libertad, siguiendo, sin ser muy conscientes de ello, las pautas marcadas por el sistema social. Aunque por supuesto hay excepciones, el otro día me topé con cuatro.

Quedé con cuatro representantes de la colonia hispanohablantes de Kunming, cuatro mujeres maravillosas, que intentan ser dueñas de su destino. Me contaron muchas cosas de la vida social kunminense. Os cuento, quizá la historia más impactante.


Los cierres de las puertas

En Kunming, todos los edificios de viviendas tienen portero.  En torno a las doce de la noche, cual cuento de cenicienta, los porteros cierran las puertas. A partir de ese momento nadie puede salir, ni entrar. Si decides trasnochar, corres el peligro de que el portero no te abra la puerta si no le caes simpático, que por lo visto es lo más habitual. También te puede recibir desnudo como le ocurrió a una de las chicas. Aunque la solución  más fácil es comprar tu libertad, que cuesta 8 kuais, un poco menos de un euro, una fortuna en Kunming.

Este sistema de control, el portero vigila y tiene la responsabilidad de saber dónde está cada habitante de la casa, recuerda a los porteros y taxistas franquistas, que informaban a la policía de los movimientos de la gente: las dictaduras siempre se parecen, sean de izquierdas o de derechas.


Barbie china

La conversación con las chicas siguió durante varias horas entre risas y carcajadas.  Una de ellas, una bravísima mexicana, se lanzó en una defensa a ultranza de la Barbie. ¿Quién ha jugado con una muñeca que es actriz y astronauta al mismo tiempo, independiente, viajera, no está casada y no tiene hijos? 

La verdad es que nunca había pensado en la Barbie en tales términos, sino más bien lo contario, pero me di cuenta de que lo que decía podía ser cierto. Un poco aturdida, confesé que mis muñecas habían sido Barriguitas y la Nancy.

 

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anaarandavasserot.wordpress.com




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