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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Viento

...¡Abre los ojos!


Si ahora agitas la cabeza y dejas que tu pelo caiga suelto sobre la nuca, sobre los hombros, sobre la espalda..... notarás cómo, de repente, el aire que estaba quieto y estancado, inmóvil... empieza a moverse con fuerza y una ráfaga de frío agradable y ligero se cuela entre tu boca y tu glotis. Notarás el cambio y sonreirás. El pelo se mueve, ondula... hacia adelante y hacia atrás como un péndulo hecho de tiras de seda y arena. Toda tú te balanceas mecida por ese nuevo soplo de oxígeno. El viento te recoge antes de que vayas al suelo y te levanta... primero quedas suspendida sobre las puntas de tus zapatos y después te elevas por encima del suelo como si tu cuerpo fuese líquido que está siendo aspirado desde arriba. Eres líquida y cálida, eres densa y a la vez ingrávida. Te dejas succionar por ese cielo plomizo y atravesado por fragmentos de luz doradopálida. Asciendes en espiral como si recorrieras el camino dentro de una caracola hecha de masas de aire. Respiras, respiras, respiras... El rostro acariciado por frescor húmedo. Las mejillas se enfrían y se estremecen de bienestar, las aletas de la nariz se abren ligeramente para acoger más cantidad de aire aún. Aún más. Tus párpados se llenan de vértigo.
...Despiertas.
Estás tumbada en un colchón recio. No hay nadie a tu lado, no hay nada a tu alrededor. La celda parece más vacía que nunca. Estiras la mano, los dedos... Como si quisieras aferrarte a algo que no se ve... a algo que tal vez debería materializarse si tus dedos suplicantes consiguen moldearlo en el aire. Un diminuto y delgado rayo de sol atraviesa la rendija del lateral. Dejas que este rayo de sol te queme durante unos segundos las pestañas y los párpados entornados. Vuelves la cara hacia esa rendija-raja detrás de la cual está la libertad que imaginas amplia y verde. Pides clemencia a quien pueda oírte y recibes la respuesta en forma de viento que entra siguiendo el camino de la pared, previamente abierto por los fractales de luz.

Pequeños Deberes-
...¡Cierra los ojos!
Estás tumbad@ en un colchón recio. No hay nadie a tu lado, no hay nada a tu alrededor. La celda parece más vacía que nunca. Estiras la mano, los dedos... Como si quisieras aferrarte a algo que no se ve... a algo que tal vez debería materializarse...
¿Qué es lo que conseguirás que se materialice? 


 

Fotos de Alicia en la Realidad- Adriana Davidova / por Liberto Rabal




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