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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

Homero en televisión y el mecanismo acausal

danieltubau@gmail.com

 


Don Drapper ("Mad Men") y su creador, Mathew Weiner

En las dos últimas semanas he hablado de Homero. En La cicatriz de Ulises, me detuve en aquella escena clave de la Odisea en la que la criada Euriclea lava a un mendigo y al ver la cicatriz de su muslo descubre que se trata de Ulises. Me interesaba la manera en la que Homero retrocedía en el tiempo, con la excusa de la cicatriz, y nos contaba el nacimiento de Ulises y cómo fue herido en su juventud por un jabalí. En La narración en primer plano continuo en Homero insistí en el asunto y mostré, siguiendo a Eric Auerbach, que la narración de Homero trascurre en un primer plano continuo. Dicho de otro modo, que presente y pasado tienen casi la misma importancia en el relato, que a Homero y felizmente también a sus lectores nos interesa lo que está sucediendo, lo que va a suceder enseguida o después de varios cantos y lo que ha sucedido. Hoy intentaré entender un poco mejor el método homérico mediante una comparación con algunas series de televisión como The Wire, Los Soprano o Mad Men.

Quizá el lector recuerde que acabé el segundo artículo diciendo que Homero se siente tan seguro de su poder narrativo que no recurre a ningún artificio para mantener el interés del lector. Se trataba de una afirmación estúpida: Homero es un narrador magistral y por tanto emplea técnicas y trucos narrativos, a veces muy sofisticados. Se puede decir, es cierto, que no emplea los trucos vulgares que se suelen utilizar para atraer de manera fácil a los lectores, oyentes o espectadores, pero la lucidez narrativa homérica se detecta ya desde las primeras páginas de La Odisea, cuando nos presenta a personajes que, aunque en algunos casos parezcan secundarios, van a jugar un papel determinante en el desenlace, entre ellos la propia Euriclea. Pero en Homero resulta difícil descubrir el férreo mecanismo narrativo de causa y efecto que se ha convertido en demasiado evidente en la televisión convencional y en el cine de Hollywood de las últimas décadas.


David Simon y varios actores de "The Wire"

Sin embargo, también en televisión, casi siempre en canales de pago, hay cada vez más series que se pueden comparar con el relato seguro y firme de Homero. Por ejemplo, The Wire, donde raramente se juega con el espectador o se le intenta engañar o enganchar con trucos estructurales del estilo de sorpresas inesperadas, enigmas llamativos o personajes que esconden un pasado misterioso. Seguramente no es casual esta coincidencia, porque David Simon, el creador de The Wire siempre ha dicho que se  inspiró, no en Homero pero sí en los griegos, en los tres grandes trágicos:

Lo que me inspiró es la tragedia griega, en la que protagonistas predestinados y condenados se enfrentan a un sistema que es indiferente a su heroísmo, a su individualidad, a su moralidad. Pero en vez de dioses del Olimpo que lanzan rayos ardientes y joden a la gente por diversión, tenemos instituciones posmodernas. El departamento de policía es un dios, el tráfico de drogas es un dios, el sistema escolar es un dios, el ayuntamiento es un dios, las elecciones son un dios. El capitalismo es el dios supremo en The Wire. El capitalismo es Zeus.


“The Wire”... y todas las piezas cuentan.

Es un tipo de relato que pone casi todas las cartas a la vista, como en el póker descubierto, y que avanza con tranquilidad, a menudo hacia una fatalidad inevitable, porque sabe que el espectador desea no tanto saber qué va a pasar sino ver cómo sucede, ver cualquier cosa que pase, porque todo lo que sucede es interesante una vez que se ingresa en ese mundo (lo que suele llevar unos cuatro o cinco capítulos) y porque confía en la fuerza de los narradores, de los guionistas. En ese mismo estilo se mueven series como Los Soprano, Boardwalk Empire  o Mad Men. Aunque es cierto que en Mad Men jugaron con un misterio en los primeros capítulos, el secreto que esconde Don Drapper es un elemento fundamental de su personalidad, sin el que es imposible entender su actitud.


Ya he dicho que Homero es un narrador que está tan seguro de lo que cuenta que si tiene que desviarse en el momento de la crisis o el clímax lo hace; si cree necesario que el oyente o lector conozca el origen de una herida, lo cuenta. Su poderosa narración sobrevive a esta falta de trucos, del mismo modo que lo hacen Los Soprano de David Chase, por ejemplo cuando unos mafiosos rivales descubren que uno de los soldados de Tony Soprano, Vito Spatafore, casado y con dos hijos, va a locales gays disfrazado de policía. Entonces, en los siguientes episodios, ya cerca de los capítulos finales, aunque la trama de Vito mantiene cierta relación con la principal, se nos cuenta  su estancia en New Hampshire, su romance con un cocinero y su vida cotidiana con un nivel de detalle que en cualquier otra serie habría sido considerado innecesario y peligroso porque desviaría la atención del desenlace que ya se acerca.


Spatafore poco antes de ser descubierto

Todos los guionistas que han trabajado con David Chase emplean en sus series el mecanismo, si es que no es una contradicción llamarlo así, acausal de Los Soprano: siempre hay unos cuantos episodios en los que aparecen personajes o se desarrollan tramas que después casi se olvidan. Lo hace Terence Winter en Boardwalk Empire cuando uno de los protagonistas se traslada durante varios capítulos de Atlantic City a Chicago y allí acumula experiencias de vida, y lo hace Mathew Weiner cuando en los primeros episodios de Mad Men nos muestra el denso universo femenino de Don Draper, presentándonos a algunas mujeres que quizá no vuelvan a  aparecer nunca más o tarden tres temporadas en regresar. Es una de las maneras de dar profundidad narrativa a la historia, de crear un mundo denso como el de la vida real o como el ficticio de Homero. El guionista de series o el novelista tienen que crearlo, y para ello deben contar con cierta paciencia por parte del espectador, que está demasiado acostumbrado a que todas las piezas encajen desde el principio. Homero, sin embargo, tenía ese mundo a su disposición y podía moverse por él. La próxima semana explicaré por qué.

 

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www.danieltubau.com




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