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Evaristo Aguirre

Una niña china

En 1925, el político y pensador mexicano José Vasconcelos escribió un ensayo titulado La raza cósmica en el que, entre otras cosas, planteaba una especie de utopía según la cual en el futuro, en el continente americano, aparecería una nueva raza, fruto de la amalgama del resto de etnias. Vasconcelos proponía esta novedad física unida a una nueva concepción de la cultura, también de carácter universal. No sé en cuánto tiempo tenía calculado el mexicano que esto podía ocurrir, pero transcurridos casi noventa años las cosas no están en ese estado, aunque es cierto que el concepto de raza se ha ido matizando; son las diferencias religiosas o nacionales las que están tan acentuadas como siempre, si no un poco más.

Los cruces étnicos ocurridos a lo largo de los últimos dos siglos han ido dando lugar a que ya nada está tan claro desde el punto de vista físico o biológico. Por el lado de la civilización, tenemos muestras de la tendencia a la raza cósmica cercanas, aquí, en el barrio de cada uno. Mexicanos, hindúes, marroquíes, chinos, ecuatorianos, ucranios, rumanos, malineses… han venido a trabajar y vivir a Europa, tienen hijos y nietos, esos descendientes hablan más lenguas y mejor, han ido a otros colegios diferentes de los de sus padres, han tenido amigos y novios de otras nacionalidades o razas y también hijos que, a su vez, crecerán en un entorno diferente al de ellos.

Y están las adopciones. La cantidad de niñas chinas que han sido adoptadas por familias españolas en los últimos quince o veinte años es algo que ya vemos como absolutamente normal; y es probablemente un paso en esa tendencia hacia una raza cósmica, que bien visto tiene buena pinta.


No sé si es la primera, pero la novela de Nuria Barrios El alfabeto de los pájaros (Seix Barral) es una de las pocas en la literatura española que aborda la cuestión de estaa adopciones. Y se mete en ello desde el punto de vista de la fantasía de Nix, una niña china de seis años adoptada que tiene una tremenda imaginación y muchas preguntas por contestar. Barrios juega con las incertidumbres y vacíos de esa niña, que no sabe que son incertidumbres y vacíos, pero que sabe que le falta algo o que le preocupan unas diferencias, algunos silencios. La madre le cuenta historias de pájaros que establecen paralelismos con la familia; la niña tiene una fijación con el vientre, por su carácter de origen. Hay un tono amable en la narración, pero tiene algo áspero también, pues no es fácil dar respuesta a todas las necesidades de la niña (que tiene otra hermana, también china, que no se plantea problema alguno). Tengo que reconocer que se trata de un tema que, en principio, no me interesa mucho desde el punto de vista literario, pero esta novela me ha llevado de la mano por sus páginas.

eaguirre@divertinajes.com




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