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Viajar al óleo

Armando Cerra

El artista-puente: Regoyos

Darío de Regoyos nació asturiano, concretamente en Ribadesella en 1857. Pero su trayectoria vital convierte ese origen en anecdótico. Ya muy joven comenzó a viajar, a Madrid, París o Bruselas, y posteriormente por casi toda España, especialmente por el norte, hasta su establecimiento definitivo y muerte en Barcelona en 1913.

Esas fechas, los viajes continuos, las relaciones que estableció con artistas españoles y europeos, su cosmopolitismo, todo ello hace de Darío de Regoyos un artista puente. Puente entre dos siglos y dos generaciones, puente entre España y Europa, y puente entre estilos pictóricos: el tremendismo hispano, el impresionismo, el puntillismo, el expresionismo y otros movimientos efervescentes del momento.

Sin embargo, a ninguno de esos estilos se adscribe su obra, aunque sin la existencia de esas corrientes es incomprensible, al igual que sin las sombras históricas de Velázquez o Goya. En definitiva, su arte fue un puente que sirvió para renovar la pintura hispana. Algunos de sus lienzos cerraron caminos artísticos del pasado, y con otros abrieron nuevas vías que explorarían otros pintores.


"Las Arenas y el Transbordador", de Regoyos

A Regoyos, le encantaba pintar al aire libre, más aún en paisajes vascos, como el de esta obra Las Arenas y el Transbordador. Captado desde Las Arenas de Getxo, entre casas de burgueses y huertos se eleva la silueta férrea del Transbordador de Vizcaya, cuya presencia permite establecer un paralelismo con la figura de Darío de Regoyos: un puente a la modernidad.

Cuando en 1893 se inauguró el Transbordador, fue el primero en el mundo realizado íntegramente con estructura metálica. Luego le seguirían más en otros continentes, pero hoy, tan sólo cinco siguen en pie y en uso: el bilbaíno, uno en Francia, otros dos en Alemania y Gran Bretaña, y el de La Boca bonaerense.


Portugalete y el Transbordador, de Mónica Grimal

En 1909, lo pintó Regoyos desde Getxo, y noventa años más tarde, la fotógrafa tomó esta instantánea desde Portugalete, en la otra orilla del Nervión. Los años entre ambas imágenes obligan a citar diferencias obvias.

Ahora el Gran Puerto de Bilbao, ya no está tan cerca de la ciudad, sino a la altura de Santurce. Ahora, a orillas de la ría en plena capital vizcaína se yergue otra joya metálica y universal: el Guggeheim. Ahora la minería vasca, ya no impulsa obras tan magníficas como el Puente Colgante.

Aunque también hay similitudes. El Transbordador continúa cruzando el Nervión, 365 días al año, 24 horas al día. Convertido desde 2006 en Patrimonio de la Humanidad, sigue transportando personas y vehículos entre ambas orillas, es uno de los mayores orgullos de la arquitectura e ingeniería vasca, y aún hoy es motivo para la inspiración de paseantes y artistas.

 

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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