Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Como agua entre los dedos


He querido abarcarlo todo durante esa breve oportunidad de dicha que ha sido mi vida. He intentado crear universos, resurgir pájaros de las cenizas, despertar a los ángeles, desenterrar dragones y contemplar la belleza tan inaudita y tan ardientemente hermosa que la naturaleza ofrece a los sentidos. He querido abarcarlo todo porque pensaba, creía que mis brazos podrían sostenerlo, porque creía que me merecía esa porción de paraíso y de luz.
He querido pero no he sabido... No lo he conseguido y los trozos de mundo que había construido se desmoronan, se desmoronan y caen como castillos de arena, como castillos de naipes abandonados por su dueña. Qué vértigo lo que después ha de venir. Lo que ahora ha de suceder. ¡Qué vértigo y cuánta melancolía! Irse con los pies descalzos y heridos, con las manos vacías, con el corazón roto y desmigajado.
¿A quién dirijo estas palabras? ¿Quién está enfrente? ¿Quién aún escucha las palabras que salen de las glándulas de una hembra dañada? Te hablo a ti, te invoco a cada hora, te pido con fervor y ferocidad incluso, las migajas de compasión... Pero...
No retienen mis manos, mis dedos... no retienen nada. No hay sustancia que pueda ser lo suficientemente pegajosa como para que algo de bondad quede adherido a las yemas de carne sonrosada. Todo lo que he conseguido es una quimera... la quimera de una mera superviviente a la quema, al trance de la propia vida que va demasiado rápido, rápido, rápido. ¿A dónde va la vida? ¿Dónde acaba la esperanza? ¿Acaso acaba? ¿Acaso empieza alguna vez?
Pido ayuda y ojalá alguna bendición humedezca la piel caliente, quemante de mis pies... Ojalá llueva sobre estas piedras cálidas que permanecen atadas a mi espalda y hacen que mi cuerpo se arrastre por el suelo lleno de polvo desértico, en lugar de tomar espacio, abrir las alas y volar envuelto en una acogedora sensación de paz, de paz, de paz... De felicidad. Quiero ser feliz pero se cae el mundo entre mi abrazo, se cae sin rozarme... me quedo sin recursos que engañen a mi mente y le den los ánimos necesarios para continuar caminando pese a que no haya camino, ni salida, ni puertas, ni día, ni noche, ni ventanas abiertas que indiquen la dirección de los sueños alcanzados.

"Un silencio me habita hoy, un silencio de llanto, de melancolía por aquello que se desvanece... Un silencio de contención, de fe que aún anida en la claridad lumínica de mi cerebro..."

Pequeños Deberes- Dime si estás detrás de la puerta, detrás de esta pared, de esta distancia... dime si estás allí para recoger los restos y de nuevo darles vida. 

Fotos- Adriana Davidova- a partir de fototgramas de "Las Noches Vacías"




Archivo histórico