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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Ciudades V. Devastación

"En el mar que bordea la ciudad, flotan brillantes y carnívoros los residuos tóxicos de la avaricia."


Alicia lleva una mascarilla encima de la boca, mientras sus pies calzados con las botas de caucho, chapotean sin dirección entre el verdoso, extraño y tenuemente luminoso agua residual.

- Estoy en un sueño. Pasado, presente, futuro... en un mismo tramo temporal. Para poder sostener ese momento presente... el pasado, el pasado me insemina de sus recuerdos, de sus sensaciones, de sus vivencias. Plasmada de un tiempo pasado, puedo sobrellevar esa realidad nueva de todo lo que existe ahora, de todo lo que ya no existe de manera tangible en ningún lugar, en ningún lugar... porque los lugares también se han modificado o se han desvanecido para la eternidad. Únicamente en las células supervivientes de mi cerebro que las atesora brillantes y chispeantes, existen aún, aún habitan... las impresiones que alguna vez recogieron del mundo mis órganos sensoriales.

Rodeada de una luminosidad intensa, persistente y eléctrica... noto perfectamente como se introducen en mi cuerpo las pequeñas partículas radioactivas... la sensación es como si una finísima y afilada lluvia eléctrica e invisible penetra y traspasa todos los tejidos orgánicos de mi cuerpo. Sacudidas eléctricas que se clavan en cada poro. Pero sigo pudiendo respirar por ahora. Inspiro y la mascarilla se pega a los labios y a la nariz... aire caliente, quema, arde... pero respiro. Ahora... exhalo, la mascarilla se separa ligeramente de mis labios secos y rotos. ¿Cómo es posible respirar este nuevo aire? Lo estoy haciendo sin embargo... Un paso, otro paso, otro paso... ¿Hacia dónde estoy caminando? Todo irradia algo silencioso y salvaje. Parece que estoy mirando a través de una lente amarilla que intensifica y perfila los contornos de una manera increíblemente hipnótica.

Alicia sacude la cabeza y un mechón de pelo húmedo y dorado cae al agua frente a sus ojos. La mirada azul de una muñeca desmembrada le devuelve una vez más el silencio por respuesta. Todo flota muy despacio; tarimas, marcos de ventanas rotas, maletas sin abrir y maletas abiertas... papeles blancos y esparcidos por todas partes... Y restos. Toda clase de restos en los cuales es mejor no detener la mirada. Parece que Alicia está dentro del vórtice de algo que la engullirá en cualquier momento. Engullir el diminuto cuerpo de Alicia no debe de ser una tarea difícil, pero por ahora no ha sucedido... Tal vez algo más fuerte e incluso más misterioso que el aparente cadáver radioactivo de esta ciudad tan amada, tan lejana ahora, tan intensa y tan doliente... Tal vez algo, que únicamente corresponde al orden misterioso de los ciclos y latidos cósmicos, está tomando ahora a Alicia y le está dando la cualidad mutada de poder sobrevivir entre la venenosa masa serpentina. Tal vez ese algo está transmutando todo el mapa genético de esa Alicia que ahora camina sin rumbo sobre las aguas lumínicas y llenas de cadáveres de la ciudad fantasma. Tal vez ese algo quiere desesperadamente que todo pueda continuar, del modo que sea, pero que continúe... como Alicia. Que haya un posible mañana, donde alguien, tal vez Alicia, podrá contar la historia de aquello que fue alguna vez.

¿Acaso tiene sentido todo lo que habíamos descubierto, inventado, creado, innovado? ¿Acaso tiene sentido haber sido alguna vez, si alguien vuelve a elegir la avaricia y el poder, frente al valor de una sóla vida? ¿Acaso permitir que los niños se queden sin futuro es lo que mejor se nos da?

-Cierro los ojos. Lo paro todo. Incluso el suave balanceo de las hojas verdes de los árboles de color índigo. Detengo una vez más el tiempo. El agua penetra dentro de mis botas, la electricidad inunda mis pies, mis empeines y mis pantorrillas... La imagen de una niña gritando de dolor detrás de un cristal que caía hacia mí, me hace soportar esa sacudida eléctrica mortífera. Inspiro, me quito la mascarilla y tomo la decisión de vivir. Para siempre tal vez. La ciudad me espera desde el nuevo amanecer donde una masa redonda, anaranjada, caliente hasta extremos insospechados me deslumbra con una especie de sonrisa nuclear y nueva. Como si me diera la bienvenida. "Bienvenida a casa Alicia, bienvenida"...

 

Pequeños Deberes- ¿Es posible que hagamos algo para no arrojar al olvido todo aquello que hemos amado?

a.alicianlarealidad@gmail.com

 

 

Dibujos- Daniel Rabal Davidov




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