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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

La cicatriz de Ulises y el flashback homérico

danieltubau@gmail.com

 


Euriclea lava los pies a Ulises

Eric Auerbach, en su libro Mímesis o la representación de la realidad en la literatura universal pone como ejemplo del estilo homérico la célebre escena de la Odisea en la que cuando Euriclea, la sirvienta de Penélope, va a lavar los pies  a un viajero recién llegado, se detiene ante él y le dice:

“Atiende ahora a una palabra que te voy a decir: muchos forasteros infortunados han venido aquí, pero creo que jamás he visto a ninguno tan parecido a Odiseo en el cuer­po, voz y pies, como tú.”


A lo que rápidamente responde el viajero, que nosotros, los lectores o los oyentes de Homero, ya sabemos que es el propio Odiseo (Ulises):

“Anciana, así dicen cuantos nos han visto con sus ojos, que somos parecidos el uno al otro, como tú misma dices dándote cuenta.”

Aunque Odiseo vuelve el rostro hacia la oscuridad, todavía teme que Euriclea puede reconocerle debido a una antigua herida junto a su rodilla:

“La anciana se acercó a su soberano y lo lavaba. Y enseguida reconoció la cicatriz que en otro tiempo le hiciera un jabalí con su blanco colmillo cuando fue al Parnaso en compañía de Autólico y sus hijos.”

En este momento de crisis, en el que Odiseo está a punto de ver desbaratado su plan de mantener su identidad en secreto hasta que llegue el momento de la venganza, ¿qué hace Homero?


Kirk Douglas como el joven Ulises

Primero se remonta hasta el nacimiento del héroe y nos recuerda la promesa hecha a Autólico de que Odiseo irá a visitarlo cuando ya sea un buen mozo; después, mediante una larga elipsis, vemos llegar a Ulises a la residencia de su abuelo en el monte Parnaso, el magnífico recibimiento de que es objeto, cómo asan un toro, sirven los panes y disfrutan hasta que cae la noche y se van a dormir. Al día siguiente todos se despiertan para ir de cacería, cuyos inicios también nos cuenta Homero con su característico gusto por el detalle:

“Ascendieron al elevado monte Parnaso, vestido de selva, y enseguida llegaron a los ventosos valles. El sol caía sobre los campos cultivados recién salido de las plácidas y profundas corrientes de Océano, cuando llegaron los cazadores a un valle. Delante de ellos iban los perros buscando las huellas y detrás los hijos de Autólico, y entre ellos marchaba el divino Odiseo blandiendo, cerca de los perros, su lanza de larga sombra.”


Es entonces cuando aparece el jabalí que causará a Odiseo la herida que muchos años más tarde la anciana Euriclea reconocerá al lavar los pies al extranjero:

“Odiseo fue el primero en acometerlo, levantando la lanza de larga sombra con su robusta mano deseando herirlo. El jabalí se le adelantó y le atacó sobre la rodilla y, lanzándose oblicuamente, desgarró con el colmillo mucha carne, pero no llegó al hueso.”


Euriclea reconoce a Ulises

Lo asombroso de la escena de la cicatriz, de ese momento de tensión entre  Odiseo y Euriclea, es que contradice casi todas las normas de la narrativa, porque, cuando estamos ya casi en el desenlace, en lo que se llama “la carrera hacia el telón”, cuando el público se revuelve inquieto en sus asientos, en el momento de la crisis en que Odiseo puede ser descubierto antes de que pueda vengarse de los pretendientes de Penélope, en ese preciso instante, Homero se detiene y nos cuenta durante más de sesenta versos la historia de la cicatriz, mientras que la escena en sí de Euriclea y Odiseo consta de apenas ochenta versos. Es sólo después de ese recuerdo cuando por fin regresamos a la escena inicial y vemos el desenlace de la crisis, cuando Euriclea se da cuenta de que aquel hombre es Odiseo e intenta avisar a Penélope de que su marido ha regresado, pero él agarra por la garganta a la criada y le dice que mantenga silencio y no diga nada todavía, ni siquiera a Penélope.


El joven Ulises tras matar al jabalí

Si en un relato audiovisual quisiéramos ser fieles al estilo homérico, tendríamos que introducir un flashback en el momento en el que Euriclea reconoce la cicatriz y después emplear aquella larga elipsis que nos permite ver a Odiseo ya en su juventud. Ahora bien, ¿quién es el responsable de ese recuerdo que vamos a ver en el flashback? ¿Odiseo o Euriclea? Es cierto que la criada parece desencadenar el recuerdo, pero también lo es que ella no puede recordar la cacería porque no estuvo allí.

“Podría haberse obtenido una ordenación en perspectiva… exponiendo todo el relato de la cicatriz como un recuerdo de Ulises, que aparece en aquel momento en su conciencia; hubiera sido muy fácil, con sólo comenzar la historia de la herida dos versos antes, al mencionar por primera vez la palabra cicatriz, y cuando ya se dispone de los motivos ‘Ulises’ y ‘recuerdo’.”

Pero, claro, Odiseo puede recordar la cacería, pero tampoco es razonable que recuerde su propio nacimiento.


Homero

Como es obvio, quien recuerda todo eso es el propio narrador, Homero, que, como dice Auerbach, lo quiere contar todo. Si la sirvienta y Odiseo se ven en cierta situación dramática a causa de una cicatriz, el oyente o lector debe conocer el origen de esa cicatriz.

En las próximas semanas descubriremos por qué Homero no sigue los procedimientos de los manuales de narración modernos y se permite desviarse de la trama principal para contar sucesos que distraen de la acción principal e interrumpen la tensión del desenlace.

 

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www.danieltubau.com




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