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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

AMDG (Ad maiorem Deneuve gloriam)


Francois Ozon, tras su grave y dolorida Mi refugio, regresa a la comedia ligera e irreverente con Potiche, la historia de la mujer del despótico jefe de una gran empresa que toma el mando cuando los obreros se ponen en huelga.

Así, vuelve a mostrar que su lado frívolo sigue intacto y que es un retratista despiadado de la burguesía de su país y de sus costumbres socio-sexuales. La sociedad francesa como extensión de la familia francesa. Pero en esta ocasión Ozon —sin dejar de coquetear con Godard y Jacques Demy— parece  haber perdido parte del vitriolo que mostraba en filmes como Sitcom o Gotas de agua sobre piedras calientes a favor de un homenaje extraño, entre lo kitsch y lo imposible, a una madura Catherine Denueve que pasa de lo ridículo a lo sublime observada por un director joven e iconoclasta que  da una visión irreal pero a la vez suculenta de la lucha de clases y la guerra de sexos en la Francia del nuevo siglo.

Potiche es un canto de amor a la feminidad pero también una mirada nostálgica a una sociedad que ha perdido las ilusiones y donde los mitos se derrumban ante nuestros ojos. El director vuelve al terreno de los colores saturados y los maliciosos enredos amorosos, los equívocos y el estilo relamido de Huit femmes bajo un prisma narrativo más cómodo y con personajes más trabajados, aunque siempre cercanos a la autoparodia.

Sin conocer la trayectoria de Ozon es difícil apreciar la extraña mezcla de pólvora mojada y pastel envenenado que nos ofrece este observador implacable de las costumbres amorosas  y financieras de un país  algo anclado en la cursilería, la doble moral y los falsos cambios. Potiche no es un gran filme, pero si una pequeña delicia para los seguidores de un realizador tan irregular como apasionante, carente de vértigo y extrañamente dotado para el melodrama irónico y para la comedieta más triste. Junto a Denueve grandes nombres del cine francés como Gerard Depardieu o Jéremie Renier ensombrecidos por la extraña forma y el fondo perturbador de una película hecha a la medida de una mujer.




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