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Viajar al óleo

Armando Cerra

Utrillo y el París de los excesos


"Invierno en las Tuilerías", de Mónica Grimal

Pocas ciudades tan descritas, filmadas, cantadas o pintadas como París. Pocas con tantos tópicos: la ciudad del amor, la ciudad-luz, la capital del arte… Pocas tan visitadas y hay un París para cada mirada.

Una mirada turbia y alcoholizada es la que imprimió el parisino Maurice Utrillo a la infinidad de telas que pintó de la capital gala, especialmente a su barrio de Montmartre, hoy meca turística, pero que en su época era un suburbio sórdido repleto de tugurios, prostitutas y artistas que alternaban la creación con los excesos.

En Montmartre se mantenía la que fue la casa de Hector Berlioz, hoy derruida y conocida gracias a este óleo de 1914 de Utrillo. Esa fue la residencia del músico de1834 a 1837. Un compositor que creó la Sinfonía Fantástica, tan innovadora en su momento que recibió el excesivo halago de compararse su partitura a las del portentoso Beethoven.

Nombrar París, excesos y música, supone citar a Chopin, Edith Piaf y Jim Morrison. El polaco residió durante años en París donde compuso su ingente producción romántica. La francesa más internacional por su voz ronca y su azarosa vida repleta de romances y morfina. Y el norteamericano que murió en París para convertirse en prototipo de sexo, drogas y rock & roll.

No es casual que sus cadáveres reposen en el cementerio de Pére Lachaise. Un cementerio donde el descanso es difícil dado el excesivo tráfico de turistas que constantemente se acercan a presentar sus respetos a la gran cantidad de personalidades ahí enterradas.

De hecho, el lugar es uno más de los atractivos turísticos de París. Es imposible visitar todos los reclamos que plantean las guías. Es excesivo el número de monumentos, abruma la cantidad de rincones por donde pasear, son inagotables los motivos a fotografiar, es imposible ver la obra de los muchísimos artistas de primer nivel que han inmortalizado París.

Así como se necesitarían días para visitar los abundantes museos parisinos donde se muestra la obra de estos pintores. Sin embargo, hay un museo acogedor, pequeño, sin colas, en el que el único exceso es la calidad de las obras de sus salas. Se trata de L’Orangerie, en pleno centro, frente a la plaza de la Concordia, adonde llegar tras un frío paseo invernal por el Jardín de las Tullerías, supone todo un festín para los sentidos.

Ahí precisamente es donde se expone La Maison de Berlioz de Maurice Utrillo, un pintor, cuyos excesos alcohólicos no le impidieron retratar su ciudad mil y una veces, siempre con colores claros y tonos tristes que transmiten su carácter melancólico y solitario. Su visión de París, tan alejada del exceso y a la vez producto del mismo.


"Maison de Berlioz", de Maurice Utrillo

 

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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