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Pantumaca

Sara Orúe

Salir de la rutina


Esta semana no sé de qué escribir. Mi vida sigue una rutina llena de estupendos momentos que, a fuerza de repetirse, dejan de ser graciosos: Atrasos en los aviones, confusiones en los aeropuertos, taxistas de diversos pelajes, IKEA, mi jefe, los japoneses… A todos ellos les debo grandes cabreos, es verdad, pero también momentos narrativos memorables y  monumentales carcajadas una vez superada la rabia, que reconozco y agradezco. Pero, ea, ya está bien de hablar de lo mismo una y otra vez.

—¿Quiere eso decir que esta semana no te ha pasado nada?
—Me han pasado bastantes cosas Julieta, pero no tengo ganas de contarlas.
—¿Tienes secretos con tu audiencia? Que poca honradez profesional.
—Pero, ¿qué audiencia y qué profesión? Yo, si acaso, tengo lectores, y no estoy segura de eso y esto del Pantumaca es una afición, no una profesión.
—Ya me parecía a mí que tu nivel de escritura dejaba bastante que desear.
—¡Serás grosera! Eso lo dices tú, que escribes sacando la lengua.
—Aficionada.
—Petarda.

Olvidaba que Julieta forma parte de mi vida, incluso si decido no hablar de ella. En fin, continuemos.

Hay que mirar al futuro y encontrar nuevos temas. (Hay que hacerlo al menos un par de semanas. Tiempo suficiente para que ustedes se olviden de mis temas favoritos y pueda volver al ataque.)

Así que aquí me tienen mirando…

—Ya lo has dicho, al futuro.

No exactamente, tío Ra, mirando una web de noticias curiosas que me ha sacado de bastantes apuros.

—Aficionada y copiona, que copias las noticias de Internet.
—No, si te parece me invento las noticias.
—Pues de joven te inventabas los novios.
JULIETA, por favor, vete a tomar un café o a sacar la basura, lo que quieras, pero vete.

Yo no copio las noticias, me hago eco de ellas.

—Aaaah, por eso te repites más que el ajo, porque te haces eco, eco, eco, eco…
—Está bien, Juli, aquí tienes un euro para el café
—Ilusa, un euro. Con un  euro no me dan ni los buenos días.
—Vale, 2 euros y un azucarillo, pero marcha ya.
—Ya me voy. Pero me necesitarás y no estaré aquí. Y el que avisa no es traidor. Es… avisador.


Ea, marcha un poco. Cierto es que la vida sin amigos no se concibe pero, la verdad, con amigos como Julieta se concibe, pero difícilmente se soporta.

Abreviando, que al paso que vamos no terminamos nunca, y hoy tengo partida de bolos.

—¿Desde cuando juegas a los bolos?
—Desde justo después de que tú comenzases a escuchar detrás de las puertas.


Tanta cháchara sin sustancia, se me acaba el espacio y todavía no he explicado lo que he encontrado en Internet. Al loro: Una señora se clavó accidentalmente un cuchillo en la cabeza, ¡en la cabeza!, y no le pasó nada. Acudió a casa de una vecina a que se lo quitara y, la vecina, tras despertar de la lipotimia que le produjo la visión, llamó a una ambulancia. Total, que a la señora, de 72 años y mucha buena suerte, no le pasó nada. Creo que tiene  la radiografía del cuchillo enmarcada y colgada en sitio preferente en el salón.


Y hablando de radiografías, también he visto la de un estudiante que, para no regresar a casa, adonde sus amigos de juerga le querían llevar por considerar que había bebido demasiado, se tragó la llave. Y acertó, no le llevaron a casa, le llevaron a urgencias, donde le aconsejaron que dejase a la naturaleza seguir su curso y expulsaría la llave por si solo. No sin antes aconsejarle que, antes de comerse otra llave, se comiese las uñas.


—Por no decir los mocos.
—Más o menos.

¿Saben? Estas dos historias me dan dentera. La semana próxima vuelvo a mis experiencias vitales, que me producen menos mal rollo.




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