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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Nunca digas nunca jamás


Una sensibilidad exquisita y una atención casi morbosa a los detalles visuales acompañan a muchas de las imágenes de Nunca me abandones.

Estamos ante el segundo y mejor filme del director de Retratos de una obsesión, adaptación de una novela que mezcla el drama romántico, el aprendizaje sentimental y la literatura fantástica. Basada en un libro del escritor japonés afincado en Inglaterra Kazuo Ishiguro (Lo que queda del día), la elegante y perturbadora película de Mark Romanek no se rinde de una manera servicial a la importancia del original como lo hacen en ocasiones los filmes de James Ivory o Joe Wright, películas con las que guarda más de un punto de conexión por su descripción de una educación sentimental, su ambientación detallista y su cuidada dirección de actores y, sobre todo,  de actrices.

Carey Mulligan se supera a sí misma como la protagonista femenina de un relato algo gótico en el que ella recuerda su pasado, las ilusiones perdidas y la irrupción del mal —que aquí aparece bajo la forma de “la ciencia” y “la ambición”— en las vidas de unos jóvenes soñadores, confusos e idealistas. Nunca me abandones podía haber sido un drama romántico sin más o una reflexión filosófica cercana a la ciencia ficción pero la bellísima fotografía, los ajustados movimientos de cámara, las magnificas interpretaciones de de todas las actrices que intervienen y la banda sonora de Rachel Portman (que se sitúa en un terreno incierto entre Richard Robbins y Phillip Glass) hacen de este un trabajo especial en el que el director y el guionista no temen a la literatura sino que confían en su capacidad de hacer suya la historia original mediante la creatividad en la puesta en escena.

Nunca me abandones no desconfía en la fuerza del cine como una forma de expresión diferente a la narrativa literaria y el relato se ve apuntalado por un reparto en el que los personajes evolucionan con credibilidad ante nuestros ojos con una mezcla de delicadeza, buen gusto y crueldad filmadas con un estilo más que encomiable.




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