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Errata

Evaristo Aguirre

Una charla

–He seguido su carrera literaria, joven, desde la primera novela, en…

–En 1996… Fabulosas narraciones por historias.

–Sí, por ahí sería, y sí, así se titulaba. Tuvo usted el premio Tigre Juan, ¿verdad? Cuando se lo daban a una primera novela, ya publicada.

–Cierto.

–Estaba bien aquel libro. Ya se le veía a usted que le gustaba ser un poco gamberrete con sus mayores y poner en cuestión algunas ideas o incluso algunas reputaciones que se aceptan sin pensar. Era larga aquella… luego ha escrito usted más cortito, qué cosas.

–…

–Le dieron otro premio con la siguiente…

–El Andalucía de Novela, en 2000, Ventajas de viajar en tren.

–… una en la que jugaba un poco a eso que ustedes los escritores llaman experimentación. Estaba bien, también, se veía que se tomaba usted esto como un oficio y no como una carrera. Claro, tenía trabajo de profesor y con eso se podía comer, je, je, je.

–Sí: je, je.

–No se enfade, joven, que a mí me parece muy bien eso de no querer publicar sin parar, los lectores agradecemos una trayectoria así, que a los que escriben demasiado no hay quien les siga mucho tiempo, porque cuando la pifian –una cosa normal con tanto trajín– dejas de leerles y luego igual te pierdes alguna cosa buena, y eso da mucha rabia.

–…

–Me gustó también Reconstrucción, con esa historia en la Europa de Lutero. Para que luego digan de la novela histórica…

–¿Novela histórica?

–Vale vale, si es por incordiar.

–¿?

–Un día, me topé con un librito pequeño firmado por usted, Los congelados, y como ya me había convertido en seguidor, pues me lo compré. Un relato curioso sobre el destino. Me recordó a la película de Edgar Neville La vida en un hilo, y encima aquello suyo estaba publicado por el Centro Cultural Generación del 27, de Málaga, y ya sabe usted que Neville pertenecía a eso que han llamado la Otra generación del 27, que por cierto cita usted a ese grupo en su última novela, e incluye usted a Pemán … Curioso. No sé si estoy de acuerdo, pero me ha parecido curioso…

–Estoooo…

–Deje, deje, que de eso ya hablaremos otro día.

–¿Otro día?

–Me leí también aquella reescritura que hizo usted con Rafael Reig y Luisgé Martín del Cantar del Cid. Anda que lo que hace usted con el original de esta obra en su última novela… es para cortarle los…


–¡Hombre!

–Que sí, que sí… Que eso no se puede hacer, caballero. Pero ese desliz, je, je, je, no desmerece el libro, no señor, está muy bien Un momento de descanso, muy en su estilo, y eso se lo digo como un piropo. ¿Cuál es la editorial? Deje que mire, que lo tengo aquí…

Tusquets.

Tusquets, sí, sí, Tusquets. Pues eso, que está muy bien, que por eso he venido hasta aquí para que me firme el libro. Esa manera de mirar la universidad americana y la española, se ve que es la de alguien que las ha conocido y las ha vivido y las ha sufrido; y tiene gracia cómo cuenta usted eso de ver si somos capaces de mantener nuestros principios, sobre todo los que presuntamente son muy sólidos, ja, cuando las cosas se tuercen. Cuánto capullo tenemos alrededor, ¿no? Sabe usted darle interés a una trama, despistar al lector y sorprenderle y engañarle un pelín. Hay un momento en que el narrador dice que a su antiguo mentor universitario no le gustaba eso de “borrar las fronteras genéricas entre la literatura y los estudios literarios”… Igual hay algo de eso en sus libros, joven, unas pizcas de “estudios literarios” encubiertos; iba a decir vergonzantes, pero me quedo con encubiertos mejor ¿verdad?… Pues nada más, que está muy bien el libro y que lleva usted una trayectoria buena, que progresa adecuadamente, je, je, je, por decirlo en el leguaje pedagógico. Ande, ande, coja usted mi libro y póngame algo…

–Gracias, hombre… Dígame su nombre para la dedicatoria.

Aguirre, joven, Evaristo Aguirre, para servirle.

eaguirre@divertinajes.com




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