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Las críticas cítricas

Maruja Limón

El eterno retorno


Vale, se me nota: he empezado un curso por correspondencia de filosofía, “El pensamiento universal en 100 frases hechas”, se titula. El eterno retorno, pienso luego existo, mi reino por un caballo… expresiones que acuñaron grandes del cacumen cuyos méritos no siempre han sido reconocidos. Al menos, por las clases populares.

Y aprovechando este vasto caudal de conocimientos, he decidido aprovechar la frase del padre putativo del reciclado para arrancar esta crítica cítrica. Que cómo me la maravillaría yo.

La sentencia (no confundir con la que dio con los huesos de Cachuli en la cárcel) viene a cuento de esa manía que las revistas tienen de justificar entrevistas ininteresantes con afirmaciones del tipo: “La entrevista más esperada”.

Lo dice ¡Hola!, y lo dice en portada, a cuento de una entrevista con Patricia Rato, quien no habla de lo único que, llegado el caso y la borrachera, nos podría importar (no me atrevo a escribir “incumbir”, porque no es eso, no es eso, que diría Ortega Can… Gasset): las razones de su ruptura con Espartaco. 17 páginas mal empleadas, oiga.

Tampoco tiene el menor interés la noticia (por llamarla de alguna manera) en la que Julio José Iglesias anuncia ¡otra vez! su boda. En esta ocasión lo hace desde una cabaña que se ha comprado a las orillas de un lago, pero la novia es la misma de los innumerables anuncios anteriores. X anuncios de boda, a X pesetas cada una = una vida cómoda sin pegar brote.


La revista más glamurosa del panorama cardiovascular nos ilustra con tres reportajes seguidos en los que muestra a “Angelina de los desamparados” (para mí que la Jolie viaja con un director de fotografía, dios santo qué contraluces) otro en el que “La Infanta Cristina muestra su lado más solidario”, que debe ser el derecho, porque ese es el perfil que nos muestra la foto y un tercero elogiando a “La Reina Rania, volcada en la formación de las jóvenes y en la ayuda a los necesitados”, que ya puede volcarse antes de que la vuelquen y la manden al exilio, que ya saben cómo están las cosas en esas satrapías. Prescindibles los tres.
Acabo ya, que en la cocina el sofito y el sofrito andan enzarzados en un asunto de derechos de autor y copirait que nos tiene locos y a oscuras.

Leo en ¡Hola! dos aseveraciones que me permiten medir hasta qué punto estoy fuera del mundo.

Una: “El XV Congreso anual de la S.E.R.V., una cita ineludible”, que no sé yo qué cosa sea esa de la S.E.R.V. (¿alguna asociación de servidores de la patria, de servicio doméstico?) ni por qué no tendríamos que habernos perdido su XV Congreso pero en fin, que me he enterado tarde y no he podido ir. De lo que se deduce que ineludible-ineludible no era.


Dos: Norma Duval ha celebrado su primer aniversario con su tercer marido en Venecia, concretamente en el Carnaval de Venecia. “Es una fiesta única en el mundo a la que hay que asistir al menos una vez en la vida”, declara la vedette. Vaya, que Venecia es como la peregrinación a la Meca, y ¡meca!, yo sin poder ir.

¿Es o no es para desesperarse? Con decirles que estoy por pedirle a Rafi Camino y a su ex que me adopten con efectos retroactivos… Lo digo porque han acordado, o les ha impuesto un juez, no estoy muy segura, y tampoco voy a perder el tiempo leyendo una información que a nadie interesa, que él le pase a ella 850 euros mensuales para la manutención del hijo que tienen en común, cosa que a ella no debe parecerle suficiente. ¡850 euros mensuales! Con eso comemos en casa cuatro personas, y aún da para unos pastelitos para mi suegra cada quince días.




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