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Las críticas cítricas

Maruja Limón

De caballos y vacas


—¡Y si mi madre tuviera ruedas, sería una bicicleta!

No-lo-soporto-de-verdad-no-puedo-con-ello. Y “ello” no es Santiago, que tampoco puedo. Con lo que no puedo es con el corro de vecinas pasándose de mano en mano El País Semanal…

—¿El País Semanal? Hijapordios, tu escalera, qué nivel.

Pepa, envidiosa asyushual. Concretamente El País Semanal en cuya portada luía esplendorosa Sofía Loren. Y ahí las tienes, venga a decir que qué bien está, que cómo se conserva, que la ley de la gravedad no pasa por ella… ¿Pero no os dais cuenta? ¡Sofía Loren no existe! ¡Lo que vemos es una recreación en 3D!

—Exageras, Maru.
—Apenas. Mira el comentario que se han visto obligados a poner en la página donde explican la portada: “Más allá del retoque fotográfico, Sofía Loren, de 76 años, sigue haciendo gala de su poder y ‘glamour’ en su sesión más exclusiva de los últimos 10 años”. ¡Más allá del retoque fotográfico! ¿Qué es? ¿Una vieja a la que han rejuvenecido o una joven a la que han envejecido? ¡La Loren no era así ni a los 40! Si a su lado Berlusconi parece una pasa arrugada…
—Si yo tuviera ese tipazo, tendría al barrio comiendo de mi mano.
—¡Y si mi madre tuviera ruedas, sería una bicicleta!


¡Más allá del retoque fotográfico! ¿Qué hay más allá del retoque fotográfico? En ¡Hola!¸Ivana Trump protagoniza su reportaje más osado, o el más valiente, o el más bizarro…

—Decídete, Maru.

Uno de ellos, qué más da. Y para demostrar que está en forma, plantan una foto que es un fotomontaje confeso (las demás son apaños, pero no confesados: esa piel no la tienen ni las pastorcillas de Lladró) en el que la cuelgan de un helicóptero. “Ivana quiso mostrar su buena forma y su vitalidad apareciendo como la heroína de una película de acción en esta espectacular imagen simulada.” Es la versión tecnológica de aquellos cartones con agujero que había en las ferias, tú asomabas la cara por el furacu y podías ser una chulapa, o un aviador, o un torero. Lo mismito, pero con ferramientas.

Decididamente, las revistas del corazón se han pasado a la ciencia ficción: no sólo lo que cuentan tiene una relación apenas tangencial…

—¡Uy, ha dicho tangencial!

Con la realidad real (y no me refiero a los príncipes y princesas que habitan en sus páginas, sobre los que volveré ahora mismo) sino que, gracias a los programas informáticos que les permiten alterar a su antojo la presencia física de los habituales de la prensa cardiaca, miras el desfile de los Oscar y te da la impresión de que estás viendo a las muñecas de Famosa, todas con la misma cara inexpresiva, botoxmizadas. La Barbie tiene más arrugas de expresión que Nicole Kidman.

Mejor lo dejamos, porque la cuestión esta de los revoques…

—Retoques…


—A mí me parecen trabajos de demolición y reconstrucción.

… me tiene frita. Hablemos de los herederos. No me digas que no son raros. Resulta que los Príncipes de Dinamarca han tenido mellizos, y “siguiendo una secular tradición”, los niños no recibirán nombre hasta el día del bautizo, el 14 de abril. Vaya, que nadie sabe cómo se llaman. Y digo yo: ¿cómo los llaman? Vale, ya sé que los recién nacidos no acuden ni aunque los llamen por su nombre, pero de alguna manera se referirán a los naciatus…

Y al menos esa es una noticia de interés, el nacimiento de mellizos en una casa real (aunque sea danesa, que si no fuera por Shakespeare de qué iban a tener ellos caché y cuché). Porque mira tú de qué hablan cuando hablan de la princesa de Asturias: “Doña Letizia y la jugadora de hockey argentina Luciana Aymar, una de las galardonadas [en los Premios Nacionales del Deporte, aclaro] llevaban tacones de la misma altura”. Que ya es no tener nada que decir el tener que decir, y destacado, esto. Dios, cuánta futilidad.


En fin, termino, que en la cocina tengo la campana extractora en plena campaña antihumos, contagiada sin duda por la ley antitabaco, y no veas la que me ha organizado.

La noticia tonta de la semana: “Un intruso se cuela en la fiesta de cumpleaños de Paris Hilton y le roba una tarta”. Que hay que ser del género bobo para colarte en lo que sea de una de las mujeres más ricas del planeta para llevarte un pastel.

Y la frase abracadabrante de la semana, pronunciada por una tipa que es la novia de un hijo de Carolina de Mónaco (en toda esta genealogía, la única relevante es la suegra): “Mi amor por los caballos me ha llevado de forma natural a vivir la mitad de la semana en el campo, donde mi padre gestiona la producción de leche biológica de una granja de 1.300 vacas”.

No entiendo por qué tu amor por los caballos te lleva a vivir en un lugar lleno de vacas, pero debe ser un problema mío y de mi poco dotado intelecto.




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