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Pantumaca

Sara Orúe

El mimi


[ruralcabras.iespana.es]

Ejercer de mamá te obsequia con momentos gloriosos.

—¡Qué bonitos esos momentos de ternura materno filial compartida!

Sí, claro. Pero yo hablo de otro tipo de momentos.

Hace unos días fuimos al Zoo de Barcelona. El grupo de domingueros estaba formado por cuatro familias con niños de la misma edad, 4 años. En el zoo hay un corralito de cabras al que los peques pueden entrar y jugar con ellas. En el ratito que estábamos allí nosotros,  una de las cabras se puso de parto. Cuando nos dimos cuenta la mamá cabra estaba ya en plena faena. En unos minutos… ¡Alehop! Había en el mundo un nuevo cabritillo. Los niños no podían apartar los ojos del “milagro”. Y en apenas 10 minutos más, ¡uau! llegó el segundo bebé.

—¡Uala mami! Han nacido gemelos como nosotros— Ana, una de las amiguitas de Juan, dixit.
—Pero mami, los bebés le han salido a su mamá del culo.
—No cariño, del culo no, las cabritillas han salido del…

Carme, la madre de los gemelos humanos, no me dio tiempo a seguir.

—Del mimi niños. Han salido del mimi.

¡Del mimi! Del mimi… El ataque de risa todavía nos dura.

—En mi casa siempre se llamó mimi. Es un poco ñoño, pero yo he seguido con esa costumbre.
—¿Sabes? Cuando supe que lo que iba yo a tener era un niño me alegré, no tendría que pensar en cómo llamar a la vagina, un mal trago que me ahorraba.

Porque, si lo pensamos, el pene, en lenguaje infantil tiene muchos nombres: cola, colita,  pito, titola…


—¿Titola?
—Colita en catalán.
—Ah.

… pistola, minga, cuca…

—En mi casa al mimi le llamábamos cuqui.
—Uy cuqui, como el perro de mi vecina.
—¿Qué dices? Cuqui como mi vecina.
—Es que tú vives en un barrio pijo.

… pilila, churra, minina Pero, ¿cómo diantres llamas a la vagina?

—Mi abuela le llamaba la flor.
—¡Flor! No olvides lavarte la flor. Qué total tu abuela.
—Mi hija siempre la llama vulva.
—Por todos los dioses. Si yo escucho a mi hija decir “vulva” me dan los siete males.
— Pues mi hijo dice pene.
—¡A los cuatro años! Eso es desde que existe la ESO. Los que estudiamos la EGB no dijimos pene, ni vulva hasta, por lo menos, COU.
—Y yo ni eso.
—No te cuento los que estudiábamos en colegios religiosos. Ahí los innombrables no tenían nombre.
—¿Qué decís de chumino?
—Suena sucio.
— “El pepe” la llamaba una niña de mi colegio.
—El pepe. No quiero saber cómo llamaría a sus amigos Josés.
—Mi prima le decía la cosita.
—Me pica la cosita. No, no me hago.
—¿El kiwi?
—Kiwi, flor, ¿estamos tontos o qué?
—Digáis lo que digáis, a mí sigue gustando más mimi, me suena...
—Cursi Carme, suena cursi.
— Es que mi madre era muy aficionada a las palabrejas para llamar a las cosas más simples: tinines por calcetines, pantaletas por bragas, chichi por carne…
—¡¡Chichi!! Chichi es justo como llamábamos en mi casa al mimi.

Y luego nos asombramos de que haya traumas infantiles.




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