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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

La pausa valorativa en Babilonia

danieltubau@gmail.com

 


“Sôbolos rios que vão
por Babilónia, me achei,
Onde sentado chorei
as lembranças de Sião
e quanto nela passei.”
(Luís Vaz de Camões)
 Sobre los ríos que van
por Babilonia me hallé
Donde sentado lloré
los recuerdos de Sión
y cuanto en ella pasé.

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
(La epopeya de Gilgamesh)

“Junto a los ríos de Babilonia, 
nos sentábamos a llorar, 
acordándonos de Sión.”
(Salmo 137)

“A la orilla del Leman me senté y lloré…”
(La tierra baldía, T.S.Eliot)


La Aurora y Titono, ya anciano

La semana pasada dediqué La ilusión imperfecta a un motivo que aparece en la primera obra literaria conocida (Gilgamesh y el diabolus ex machina). Ya dije entonces que en este largo poema mesopotámico se contienen muchos motivos literarios y mitológicos que reaparecerán en diversas culturas, como la búsqueda de la inmortalidad. Cuando, tras ver morir a su amigo Enkidu, Gilgamesh intenta alcanzar la inmortalidad y casi la tiene en sus manos, se queda dormido y la pierde, en el último momento, del mismo modo que la pierde Tideo en la guerra de los Siete contra Tebas, cuando Atenea va a entregársela pero se retira asqueada al ver cómo el héroe moribundo devora el cerebro de un enemigo. Son ejemplos del mitema o motivo mitológico de la búsqueda de la inmortalidad o de la eterna juventud que los dioses ofrecen a los mortales, pero siempre con alguna trampa inesperada, como en el mito de Titonos y Eos (la Aurora), donde el amante mortal logra la inmortalidad pero olvida pedir la eterna juventud y acaba convertido en un bulto arrugado. Es un motivo que posteriormente aparecerá en los pactos con el diablo.

Como en el mito de Adán y Eva, también aparece una serpiente en el de Gilgamesh, como vimos la semana pasada, para arrebatarle la flor que devuelve la juventud. El  héroe pierde así otra vez lo que buscaba, de nuevo por un descuido un poco tonto, y no puede hacer otra cosa que lamentarse:

“Gilgamesh entonces se sentó
y lloró.”

Es bastante asombroso que el héroe se detenga, se siente y sólo entonces llore, pero más asombroso es que se detenga el narrador del relato, y también, inevitablemente, el lector. Es quizá uno de esos momentos que nos dejan ver el instante real a través de los artificios de la ficción, porque da la impresión de que el narrador no se limita a enumerar las escenas que imagina, sino que parece estar describiendo algo que tiene delante.


Antes de que la serpiente se lleve la planta de la juventud, Gilgamesh tal vez estaba refrescándose en el pozo o quizá descansaba en la hierba. Se supone que al darse cuenta del robo, intenta atrapar a la serpiente, corre tras ella y no logra darle alcance. Comprende que lo ha perdido todo, se detiene, embargado por una emoción incontenible, tal vez se tambalea, se sienta en el suelo y, sólo entonces, se pone a llorar. La imagen que aparece ante nosotros es, gracias a este detalle, más conmovedora que la de Gilgamesh llorando sin más. Hay aquí una pausa valorativa, Gilgamesh ya no corre, no da vueltas furioso, ha comprendido que todo es inútil, así que se sienta, acepta que ha perdido la última oportunidad de burlar a la muerte, y llora, quizá durante un  tiempo interminable.

Ya me referí en un artículo de La biblioteca ideal (El primer libro contiene todos los libros) a la influencia de ese verso de La epopeya de Gilgamesh en la Biblia judía, en concreto en el Salmo 137.


Tumba de Camões

Allí mencioné también los títulos de dos libros, de Elizabeth Smart y de Paulo Coelho, que imitan ese mismo motivo. Otros ejemplos que repiten esa bella pausa valorativa son el verso de Eliot en La tierra baldía y la asombrosa redondilla del portugués Camões, a quien Saramago describió como “poeta absoluto” que puedes leer y escuchar íntegra en la voz de Leni Ribeiro aquí.

En cuanto al Salmo 137, hermoso y terrible, es sin duda uno de los textos bíblicos más conocidos, porque ha sido cantado desde hace siglos y fue popularizado hace no muchos años por el grupo Boney M en Rivers of Babylon. Aquí puedes disfrutar de la simpática coreografía greco-jamaicana-mongola de Boney M y leer el salmo íntegro:


SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia, 
nos sentábamos a llorar, 
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas 
teníamos colgadas nuestras cítaras. 
Allí nuestros carceleros 
nos pedían cantos, 
y nuestros opresores, alegría: 
"¡Canten para nosotros un canto de Sión!"
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor 
en tierra extranjera? 
Si me olvidara de ti, Jerusalén, 
que se paralice mi mano derecha; 
que la lengua se me pegue al paladar 
si no me acordara de ti, 
si no pusiera a Jerusalén 
por encima de todas mis alegrías. 
Recuerda, Señor, contra los edomitas, 
el día de Jerusalén, 
cuando ellos decían: "¡Arrásenla! 
¡Arrasen hasta sus cimientos!"
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, 
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste! 
¡Feliz el que tome a tus hijos 
y los estrelle contra las rocas!

El autor del salmo, por cierto, no se refería al parecer los ríos Tigris y Eúfrates, que están  a más de sesenta kilómetros de distancia, sino a los muchos canales que había en toda Mesopotamia.


 

Visita la página web del autor: www.danieltubau.com




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