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Errata

Evaristo Aguirre

Dos enamoradas

Hay una escena en el relato de Stendhal Vanina Vanini, ambientado en Italia, en la que la joven, y bella, protagonista, le pide un gran servicio a un clérigo jefe de la policía de Roma, y sus falsas e interesadas zalamerías me han hecho pensar en una de esas velinas de las que tanto se habla ahora en relación al presidente de la república italiana (lagarto, lagarto, mejor no nombrarlo…). Pero aquí, en el texto, la princesa Vanina solo se mueve por el amor hacia Pietro, un joven carbonario (miembro de una sociedad secreta de ideas liberales) apresado.


Periférica acaba de publicar esta obra de Stendhal de 1829, con traducción y prólogo de Manuel Arranz. La joven de la aristocracia romana se enamora de un prófugo de la justicia y le ayuda. Pero esa ayuda, a la que se antepone el amor, un tanto desgarrado y otro tanto egoísta (como son los amores en general, ¿no?), complica mucho las cosas. De ahí la escena velinesca arriba mencionada.

Sutil y maravillosamente contada (claro, se trata de Stendhal, me dirán ustedes), la historia de Vanina y Pietro juega con un montón de elementos convencionales (travestismo para huir o introducirse en algún lugar; matrimonios concertados…) que dejan de serlo cuando se trata del meollo, del amor. Además de que se le ven, adrede, las costuras a esta relación amorosa (el costurón del egoísmo es el peor), el autor desvela los pensamientos de los dos jóvenes, especialmente perversos cuando de conquistar al otro se trata. En apenas 60 páginas.


Hay otras formas de vivir el amor, al estilo Matrix, podríamos decir, como lo vive el cura Romuald en los oníricos brazos de la arrebatadora Clarimonde. Digo lo de Matrix porque el curilla recién ordenado se desliza a galope por la sensualidad y las tentaciones del mundo solo durante sus horas de sueño. Cura de día (despierto) y amante de noche (dormido). La muerta enamorada, nouvelle de Théophile Gautier, de 1836, es una historia de vampiros. Luis Alberto de Cuenca ha revisado una traducción de 1941, firmada J.R.B., de este libro y ha escrito el prólogo para esta edición de Rey Lear. Es De Cuenca quien habla del vampirismo de esta historia, narrada por el propio cura tiempo después de que aquellos extraños hechos le ocurrieran. Clarimonde, aunque en ese mundo de sueños, se alimenta de unas gotas de sangre de su amante, y pocas cosas hay más vampíricas que esto.

Vanina y Clarimonde, con Pietro y Romuald, nos hablan de amor con todo lo apasionado que tiene y con todos los problemas a los que aboca, pero estas dos extrañas parejas de amantes dejan claro que a pesar de todo, aún sabiendo que se puede torcer y que se tuerce, no hay forma de hacerse a un lado. Aquí con cárceles y muertes por medio… 

eaguirre@divertinajes.com




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