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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

Gilgamesh y el diabolus ex machina

danieltubau@gmail.com

 


“Al ver Gilgamesh
   un pozo de agua fresca,
entró en él
     para bañarse
Pero al olor de la planta
    una serpiente
salió furtivamente de su madriguera
   y se la llevó
De regreso
   se quitó una piel.”
(La epopeya de Gilgamesh, de Sinleke ‘Unnennî)


La Epopeya de Gilgamesh es un relato mesopotámico que cuenta las aventuras de Gilgamesh, rey de la ciudad de Uruk, y su inseparable compañero, el hombre-bestia Enkidu. Las primeras muestras que se conservan de este poema, considerado la primera obra literaria de la humanidad, se remontan a la civilización sumeria, cuyos orígenes permanecen todavía en el misterio. Gilgamesh aparece en las listas de reyes sumerios y habría reinado en Uruk hacia el año -2650 aunque la Epopeya de Gilgamesh no cuenta la historia de su reinado, sino sus hazañas contra Humbaba o su búsqueda de la inmortalidad. Es un largo poema que fue traducido y adaptado durante siglos a diversas lenguas, desde el acadio y el hurrita al hitita. Una de las mejores versiones la ninivita, escrita en los siglos cercanos al año mil antes de nuestra era por un tal Sinleke ‘unnennî, que podemos considerar el primer autor conocido.

Se esconden muchas primicias en la Epopeya de Gilgamesh, pero aquí quiero referirme a la primera aparición de un mecanismo narrativo que después se ha empleado a menudo. Estoy hablando del diabolus ex machina.


La expresión diabolus ex machina es la contraparte del conocido deus ex machina, uno de los trucos más empleados por los novelistas o los guionistas de cine, del que tendré ocasión de hablar en próximos artículos de La ilusión imperfecta. Aquí sólo recordaré que el deus ex machina consiste en la intervención inesperada de algo o alguien que no tiene nada que ver con lo que se está contando, un elemento que aparece de improviso en la narración y que sirve para solucionarle las cosas a los personajes o al guionista cuando no saben cómo resolver la historia.

Lo que hace el diabolus ex machina es, por supuesto, lo contrario: cuando ya todo parece solucionado, cuando estamos casi en el final feliz y el mal ha sido vencido, entonces una circunstancia inesperada, imprevisible y fortuita, viene a estropearlo todo.


El primer ejemplo de diabolus ex machina aparece en los versos de La epopeya de Gilgamesh que he citado al comienzo de este artículo, cuando el héroe se detiene a descansar y una inesperada serpiente le roba la flor que devuelve la juventud. Veamos por qué se trata de un diabolus ex machina.

Hasta ese momento, el poema ha contado el fracaso del rey Gilgamesh en su búsqueda de la inmortalidad.

Cuando se dispone a regresar, completamente fracasado, a Uruk, el barquero Utanapishti se compadece de él y le revela un secreto:

 

"Gilgamesh, tú viniste hasta aquí
    con gran dolor y fatiga:
¿Qué te voy a dar cuando regreses a tu país?
   Voy a revelarte un misterio
a comunicarte un secreto de los dioses
Se trata de una planta
   con la raíz semejante a la del Falso-Jazmín,
Y cuyas espinas son como las de la zarza
     listas para pincharte las manos.
Si consigues hacerte con ella,
habrás encontrado la vida prolongada.”

No es lo mismo que la eternidad que acaba de perder, pero al menos podrá recuperar la vitalidad perdida y aumentar sus años de vida. Gilgamesh no lo duda un instante y se sumerge hasta el fondo del mar, donde encuentra la planta y se apodera de ella “pese a los pinchazos”. Entonces, feliz y satisfecho tras todas las penurias que ha sufrido, le dice a su acompañante:

"UrShabnabi, ésta es la planta
    contra el miedo a la muerte:
con ella se puede recobrar la vitalidad.
Voy a llevarla a Uruk, de los cercados,
   donde para probar su eficacia
haré que la tome un viejo:
Porque su nombre es:
  ‘El viejo rejuvenece’.
Luego la tomaré yo mismo,
para recuperar mi juventud.”


Después de recorrer trescientos kilómetros, Gilgamesh y UrShanabi acampan para descansar cerca de un pozo de agua. Y es entonces cuando aparece la serpiente y le roba a Gilgamesh la planta. La serpiente es ese diabolus ex machina que hace que el desenlace feliz se convierta en trágico de manera imprevista. Por cierto, el mito sirve también para explicar por qué las serpientes cambian de piel: su antepasada se comió la planta que devuelve la juventud.

De la reacción de Gilgamesh ante este triste desenlace hablaré la próxima semana, porque hablaré, de nuevo, de la primera aparición conocida de un hermoso motivo literario que todavía muchos emplean sin conocer su lejanísimo origen.

 

Visita la página web del autor: www.danieltubau.com




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