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Viajar al óleo

Armando Cerra

La pasión marroquí, según Delacroix

Habría que tener 20 brazos y 48 horas por día
para dar abasto y dar una idea de todo esto
.

 

Lo escribió Eugene Delacroix tras desembarcar en enero de 1832 en Marruecos. El artista, máximo exponente del Romanticismo francés, sólo tenía dos manos y su día duraba tanto o tan poco como el nuestro. Sin embargo, durante los seis meses que viajó por el norte de África pintó miles de acuarelas con las que captó escenas, colores, personas, luces y ambientes marroquíes, una imágenes que usó reiteradamente como inspiración para sus óleos hasta el final de sus días en 1863.

La acuarela, por su inmediatez y su bajo coste, es una técnica ideal para los pintores viajeros. Con ella, Delacroix llenó numerosas láminas y cuadernos, como si fuera tomando instantáneas de todo lo visto y vivido en Marruecos. Algunas de estas acuarelas, además de poseer un innegable valor como testimonio histórico y documental, también son verdaderas obras de arte y como tales se conservan en prestigiosos museos, sobre todo en el Louvre parisino.


"Un patio en Tágner", de E. Delacroix

Es el caso de este Patio de Tánger que nos adentra en un riad, la típica casa marroquí con patio interno, que hoy en día son todo un reclamo para el turismo, ya que muchos de riads han pasado de ser viviendas particulares a convertirse en atractivos alojamientos para los visitantes europeos.

Hospedarse en los riad ocultos en los laberínticos cascos históricos de las ciudades marroquíes puede suponer toda una experiencia aliñada con los más típicos ornamentos exóticos. Aunque también es cierto que la gran mayoría de estos riad proporcionan idénticas comodidades que los hoteles europeos y poco tienen que ver con las formas de vida de la población.


"Patio de Tánger", de Mónica Grimal

Sin embargo, para conocerlas basta con salir a la calle y caminar con los cinco sentidos activos. Y sobre todo, es muy importante haber dejado todos los prejuicios en casa. Es entonces cuando se percibe algo de la esencia de estas gentes tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo.

Se verán estampas impropias de nuestro siglo XXI conviviendo con actitudes importadas por la manida globalización. Se olerán aromas envolventes y también repulsivos. Se degustarán sabores desconocidos. Se oirán relatos ancestrales en lenguas indescifrables. Se tocarán souvenirs hechos en China, y también objetos artesanales de rara belleza.

En definitiva, viajar a Marruecos con ganas de aprender nos puede proporcionar las mismas sensaciones que describió Delacroix:

En este momento soy como un hombre que sueña
y ve cosas que teme que se le escapen
.

 

Visita la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com




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