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Evaristo Aguirre

Una foto de Camus

Tengo una foto de Albert Camus en mi biblioteca, una postal; es una foto de Cartier-Bresson, de 1944, es la imagen más conocida y reconocible del escritor: Camus, con el cuello del abrigo medio levantado y un cigarro en la comisura de los labios, mira hacia la cámara con un rictus que podría ser el inicio de una sonrisa; el fondo está desenfocado. Es un hombre atractivo el que se ve en esa foto, más de lo que parece en el resto de imágenes que conocemos de él. Pero este es el Camus que tengo en la cabeza cuando leo algo suyo o algo sobre él. Quizá se trate de una cierta idealización de un personaje cuya literatura y cuyas ideas me parecen más que notables.

Y ahí está el problema que a veces se me plantea, en sus ideas. ¿Cómo es posible que el rechazo visceral de la violencia, la tendencia al diálogo entre enemigos, el alejamiento de las posturas radicalmente ortodoxas, la creencia en la concordia sean ideas reivindicadas, pero no puestas en práctica, por todo tipo de gente, algunos incluso con posiciones habituales  absolutamente innobles y despreciables? Ocurre –hace pocos días, por ejemplo– que alguno de esos columnistas de prensa que están constantemente clamando por la intolerancia y por la lucha irredenta contra el que piensa distinto empiece su artículo citando a Camus a quien, estoy seguro, si lo leyera, se le cambiaría ese amago de sonrisa de la foto de Cartier-Bresson.


Basándose en la vida y las ideas de Camus, Berta Vías Mahou ha creado al personaje protagonista de su novela Venían a buscarlo a él (El Acantilado), Jacques. Argelia sufre la desgarradora y sangrienta guerra por su independencia colonial y un escritor ya consagrado, nacido en aquellas tierras africanas, se encuentra despreciado tanto por los colonialistas como por los que aspiran a liberarse; tanto por la derecha reaccionaria, como por sus antiguos compañeros de viaje ideológico de la izquierda, también tendente a la reacción. Tiene la sospecha de que van a por él.

Más allá de la evidente conexión con el personaje real, la historia de Jacques es la crónica de cómo un hombre mantiene sus valores a pesar de que su entorno le dice que ése no es el camino, que la corriente es otra, que no se empeñe en nadar en contra porque dejándose llevar su vida, la intelectual, y también la otra, será mejor. Berta Vías construye su narración con la ayuda de otras vidas, las de una madre y su hijo en Marsella que recuerdan, también, a la relación del autor de El primer hombre con su propia madre, o las de los miembros del FLN que luchó con crueldad sangrienta por la independencia, o la de la mujer de origen español que sirve en la casa del escritor…

La foto que la autora de Venían a buscarlo a él hace de Jacques/Camus es diferente a la de Cartier-Bresson. Aquí no hay rastro de sonrisa alguna, al contrario hay un gesto de temor, de temor ante algo desconocido, ante una amenaza. También fuma. Y el fondo no está desenfocado, si no se ve bien lo que hay es por el humo de una explosión o de un tiroteo provocados por unos terroristas contra civiles.

Venían a buscarlo a él está del lado de la actitud y de las ideas de Camus, claro, pero en este caso de verdad, no de boquilla como esos otros de los que hablaba más arriba.


El coche de Albert Camus, tras su accidente mortal

eaguirre@divertinajes.com




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