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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Caída

...El día 28 de marzo de 1941, por la mañana, a los cincuenta y nueve años de edad, la escritora Virginia Woolf se ahogó voluntariamente en el río Ouse, cerca de su casa de Sussex. Era un día frío y luminoso.

 

Caer. Caer a veces viene bien, a veces incluso se hace necesario. Caer, caer, caer... Si caes, casi siempre tienes la opción de aprender a levantarte, de dejarte caer un poco más incluso, de levantarte luego, de hundirte, de quedarte allí en el suelo un rato, unos minutos o días enteros, noches, décadas... Si caes es que has estado de pie previamente, si caes es que tal vez has estado en movimiento, si caes es que podrías no haber caído.
Caen frente a nuestros ojos los ídolos, los héroes, las islas construidas en medio del agua... Caen utopías inciertas y también aquellas que fueron posibles. Caen los sueños desmembrados y convertidos en arena, caen los hombres que los soñaron. Caen ideas ya anticuadas, obsoletas, perdidas... Caen ideas que nunca se llevaron a cabo. Caen también aquellas más osadas y difíciles de realizar.
Caes.
Tú estás cayendo ahora.
Caer...
Caen las máscaras  que hemos llevado durante demasiado tiempo. Caen las imposturas, las poses, la falsedad, la mentira.
Caen tus lágrimas despacio. Yo estoy cayendo también. Ese momento único e incierto también se está deslizando hacia abajo. Cae.
Pero si caes, es que puedes levantarte y mirar de nuevo hacia arriba, o hacia algún otro lugar simplemente. Tal vez girar la cabeza y ver otro paisaje. Tal vez.
Si caes, es que puedes recibir una mano tendida. Si caes puedes sentirte pequeño y frágil. Puedes permitirte ser y estar expuesto. Puedes dejarte tranquilo durante un rato, durante una ráfaga de viento. Si caes...
Han caído delante de ti tantos momentos, tantas promesas, tantos rostros se han desencajado...
Han caído las expectativas depositadas en los rincones de las estancias. Ha caído el baile de disfraces dejando víctimas embebidas. Ha caído el león convertido en cordero, ha caído el cordero convertido en bestia, ha caído la bestia echando el vuelo en un cuerpo de pájaro y han caído los pájaros convertidos en monstruos subacuáticos.
Caigo. Estoy cayendo.
¿Habrá suelo debajo de mis pies?
¿Habrá suelo que frene la caída, mi caída?
Caer. Caer siempre me dará la opción de aprender a levantarme de nuevo.
¿Acaso no merece la pena al menos intentarlo?
Pero no me gusta verte caer a ti, no me gusta tu mirada aterrorizada, tu mano extendida sin puntos de apoyo, no me gusta el daño, la punzada que sientes en el corazón... Quisiera evitarlo. Quisiera soplar y hacerte permanecer erguido, entero, fuerte... Quisiera evitarte la caída y sostener tu diminuto cuerpo entre mis brazos.
Pero ahora estoy aquí, en el suelo y aún el vértigo de la caída me golpea las sienes con dureza y no consigo ni siquiera borrar las lágrimas de mi mirada y enfocar la vista en tu rostro.
Perdóname. Perdóname. Pero tendrás que esperar un poco, un poco nada más... Estoy aquí, en algún lugar cercano. No sé dónde exactamente pero cerca. Estoy aún. 


 

Pequeños Deberes- Cierra los ojos. Sí, una vez más. Imagina que estás cerca de una ventana grande y abierta. El aire fresco y a la vez tibio te envuelve. Te dejas impregnar por la luz que entra por la ventana sin abrir los ojos aún e imaginas que todos tus miedos, fantasmas y duelos saltan a través de esa ventana amplia y te dejan a ti libre y ligero, libre y tranquilo, libre y dispuesto a todo. Libre. Quedas libre, mientras caen todos tus temores. 

 

Dibujos- A. Davidova





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