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La ilusión imperfecta

Daniel Tubau

La precisión de la multitrama

INT.   LAVABOS -  TAQUILLAS -  DÍA

SIPOWICZ entra desde la calle vistiendo su chaqueta y con una pequeña bolsa de farmacia. Se dirige a su taquilla, la abre, cuelga su chaqueta en la puerta. Se dirige al lavabo, se mira en el espejo, saca unas gafas y se las pone. Una etiqueta cuelga de las gafas mientras se examina con disgusto en el espejo. Rápidamente se quita las gafas y las guarda al oír que entra alguien.

Se gira y ve a BOBBY SIMONE que se acerca a las taquillas.

SIMONE
Buenos días.

SIPOWICZ
¿Qué tal?

Sipowicz se detiene junto a él.

SIPOWICZ
(CONT) Andy Sipowicz.

Simone le mira, sonríe y extiende la mano.

SIMONE
Bobby Simone, encantado de
conocerte, Andy.

SIPOWICZ
Sí.

Sipowicz se aclara la garganta y sale. Simone tacha el nombre de Kelly de la taquilla y escribe su propio nombre.


La escena anterior pertenece a “Simone says” el capítulo 5 de la segunda temporada de Policías de Nueva York (NYPD Blue). En ella se encuentran los ingredientes esenciales de la narración televisiva característica de las últimas décadas del siglo XX, lo que no es extraño teniendo en cuenta que la serie fue creada por David Milch y Steven Bochco, el inventor de la multitrama.


Bochco

Bochco, en efecto, creó la multitrama, o al menos la llevó a su máxima expresión, en la serie Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues), estrenada en 1981.

Como su nombre indica, la multitrama consiste en el desarrollo de un buen número de tramas a lo largo de uno o varios capítulos e incluso de toda la temporada. Lo habitual es que se desarrollen dos o tres tramas que llegan hasta su desenlace, pero que, al mismo tiempo, se planteen otras que serán desarrolladas en futuros episodios. En Policías de Nueva York las diversas tramas son presentadas en los primeros minutos del programa, en lo que se llama teaser, una especie de anticipo de lo que vamos a ver. He seleccionado al inicio de este artículo sólo la primera parte del teaser, pero puedes verlo entero con este enlace, o aquí debajo.

La precisión de la multitrama from daniel tubau on Vimeo.

Aquí se plantean cuatro tramas claras: la de la mujer policía a la que acosa su exmarido, que también  es policía; la del caso del día, que en este episodio es un homicidio; la llegada del nuevo policía, Simone, y su relación con Sipowicz. A lo largo del episodio también se irán desarrollando otras tramas, algunas se extenderán durante dos o tres episodios más, otras continuarán hasta el final de la temporada o incluso más allá, hasta el final definitivo de la serie. La multiplicación de tramas, como es obvio, obliga a los guionistas a un gran esfuerzo de síntesis: hay que contarlo todo muy rápidamente porque en los 45 minutos de cada episodio es necesario desarrollar tres o cuatro tramas autoconclusivas y todas las demás. En ese breve teaser de apenas cuatro minutos se cuentan un montón de cosas: llega un nuevo a la oficina, el nuevo y el veterano se conocen, al veterano no le gusta el nuevo, hay un nuevo caso de homicidio, el ex de una mujer policía la acosa, el jefe se entera de que al veterano no le gusta el nuevo, pero le dice que le ayude a adaptarse y que se encargue con él del caso de homicidio, y además se produce una terrible pelea con tiros incluidos en la comisaría.

Son los cuatro minutos más densos que se puedan imaginar. Todo es significativo y nada sucede por casualidad, cada frase es importante, a cada causa le sigue un efecto, como en un preciso mecanismo de relojería narrativa. Es una manera de escribir muy diferente de la que examiné en el artículo anterior de La ilusión imperfecta, la que se emplea en series como Mad Men o The Wire, que aunque también presentan personajes con sus propias historias, no se sienten obligados a trazar de manera precisa las diferentes tramas.


Milch

Regresemos a la multitrama de Steven Bochco (y David Milch) en Policías de Nueva York, porque todavía no he mencionado la trama más importante, que es precisamente la que se desarrolla en el breve fragmento del guión que he trascrito como encabezamiento de este artículo. Esa trama nos dice que Sipowicz se está haciendo viejo. Bochco y Mill nos lo muestran con ingenio, haciendo que el veterano policía vaya al baño con una bolsa típica de drugstore o farmacia americana de la que saca unas gafas para vista cansada.


Eso nos indica que no ha aceptado su decadencia física más que a regañadientes. No ha ido a un oculista, sino que se ha comprado unas gafas en una tienda. Es evidente también que acaba de comprárselas, porque de ellas cuelga todavía la etiqueta. Y no es menos evidente que está avergonzado por tener que usarlas, porque en cuanto escucha que alguien entra las esconde rápidamente en su bolsillo. Por si esto fuera poco, el nuevo es joven, alto, fuerte y parece seguro de sí mismo, lo que, por contraste, destaca el envejecimiento y la decadencia de Sipowicz. Para que todavía quede más claro, enseguida va a tener lugar un suceso en la comisaria que remarcará esa decadencia: en la pelea con el acosador Sipowicz es lanzado a un lado sin miramientos, mientras que el nuevo, Simone, se lleva el papel de héroe. La antipatía de Sipowicz hacia Simone, que se mezcla con su depresión,  se muestra no sólo por su gesto al colgar el abrigo, sino porque se lo dice de manera explícita al comisario jefe. En la multitrama siempre hay que decir todo con claridad, sin dejar espacio a la duda: “Este tipo me cae mal”. ¿Y por qué le cae mal? Por su manera de saludar, simplemente. No hace falta más.


En cuanto a los espectadores, también se nos dirige con acciones que casi son simbólicas, como cuando Simone tacha de la taquilla el nombre del policía al que viene a sustituir. Eso parece revelarnos que es un poco chulo, insensible, porque nosotros, como espectadores, le tenemos cariño John Kelly, que ya no volverá a aparecer en la serie (pidió demasiado dinero). Sin embargo, el conflicto o malentendido entre Sipowicz y Simone, que en una serie como The Wire podría durar toda una temporada, aquí se resolverá en este mismo episodio, aunque no revelaré cómo al lector.

Se trata, en cualquier caso de un tipo de narrativa muy diferente al que veíamos la semana pasada, cuando vimos aquella escena casi casual en el ascensor de la oficina de Mad Men (Actuación y sobreactuación). Aunque Bochco y Milch demuestran su talento narrativo al situar las piezas de su preciso mecanismo, es una pena que se vean obligados a sabotear el ingenio de la escena de las gafas cuando poco después Sipowicz insiste en el tema y lo dice de manera explícita, después de que su jefe le encargue cuidar de Simone: “Primero las gafas y luego esto”. El espectador de televisión convencional debe entenderlo todo y eso obliga a menudo a los guionistas a repetir lo obvio.

 

Visita la página web del autor: www.danieltubau.com




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