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Errata

Evaristo Aguirre

El mundo en la montera

Hay quien vive tan bien, con tantas comodidades, tan lejos de los problemas de la mayoría, que no conoce el mundo que le rodea, que no comprende por qué pasa lo que pasa ahí fuera. Le ocurre a las celebérrimas estrellas de cine o a los cotizadísimos deportistas o a los herederos de grandísimas fortunas, sí, pero también nos ocurre a los que vivimos en el llamado, por ahora, primer mundo, si se nos mira desde el segundo, el tercer o el cuarto mundo. Y hay quien, desde su torre de marfil, un día decide que quiere saber qué pasa por esos mundos y por qué las cosas no funcionan como a él le parece que deberían funcionar.


Goggins es un multimillonario estadounidense, allá por los primeros años del siglo XX, que emprende esa tarea de tratar de entender lo que pasa por ahí, e incluso intervenir. Se hace llamar Gog (apócope de su apellido y referencia a un personaje del Apocalipsis, el rey Magog) y no es que se ponga el mundo por montera, que ya lo lleva así, sino que quiere meter el mundo en su montera.

Se dedica a entrevistarse con prohombres de la época –desde Freud y Einstein a Lenin y Ghandi, pasando por Gómez de la Serna o H. G. Wells, entre bastantes otros–, a recibir a toda clase de personas con una idea en busca de financiación, no hay que olvidar que Gog es muy, muy rico –ideólogos de sectas o de teorías de lo más estrafalarias–, y también pone en marcha extrañas iniciativas, como la colección de gigantes a los que recluye en una especie de reserva.

Gog dice odiar, bueno al menos despreciar, a la humanidad. Vive en una mansión, New Parthenon, donde podría subsistir, confiesa, a base de los libros de su biblioteca y de la música de su discoteca. Gog busca entender el mundo y a lo largo de las respuestas que halla se hace una idea más oscura si cabe que la que ya tenía y hace partícipe de ella al lector.


Esta novela, Gog, se publicó en 1931 y fue todo un éxito y logró el reconocimiento de su autor, Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956), ese escritor italiano tan reivindicado por Borges, que pasó de una radical posición libertaria al más católico de los conservadurismos o al más conservador de los catolicismos, no sé muy bien. La ha publicado Rey Lear con la traducción de Paloma Alonso Alberti.

Gog es una crítica de todo lo que se movía en el mundo en aquel tiempo, de todo lo no natural, lo equivocadamente modernizante, lo peligrosamente dogmático, que resulta muy similar a lo que ahora se podría criticar: un uso idiota de las novedades técnicas, una intención totalitaria en la aplicación de las nuevas ideas sociales o políticas, una reverencia total por el dinero, una exaltación exagerada y equivocada de las grandes personalidades… Porque Gog tiene una gran personalidad y él se lo cree y en función de ello actúa, y por eso busca confrontarse con grandes hombres como los arriba citados, pero en la mayoría de los casos se marcha de la entrevista con la idea de que no valen tanto como parece. Él sí vale, claro, él puede hacer la mayor de las tonterías (como cuando se baña en oro), pero al terminar lo reseña en su diario (que es la base de la novela) como un elemento más de su proceso de intentar entender el mundo. Misántropo, egoísta y prácticamente amoral, el protagonista de la novela de Papini es un pelma de tres pares de narices, pero el texto generado por sus anotaciones y sus peripecias es una gran novela, que no entiendo, la verdad, por qué no es más conocida. Todo lo sombrío que puede parecer se ilumina con el sentido del humor con el que Papini trata a su criatura y a sus ocurrencias.

La editorial Rey Lear ha publicado otros dos papinis, dos libros de relatos: El piloto ciego, de 1909, y Palabras y sangre, de 1912; siempre traducidos por Paloma Alonso Alberti, y siempre con retratos debidos al pincel de Modigliani en sus portadas.



eaguirre@divertinajes.com




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