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Viajar al óleo

Armando Cerra

Venecia, la de Canaletto y la nuestra


Máscaras venecianas. Foto de Mónica Grimal

Algún afortunado lector irá al Carnaval de Venecia, fastuoso y multitudinario. Si es así, un consejo. Caminad sin compasión, estropeando las fotos de los turistas para después viajar en los recuerdos de gentes de todo el planeta. Con una excepción.

Con suerte, uno se topa con un personaje ataviado de casaca con elegantes bordados y coloridas calzas. Pese a la imprescindible máscara, el personaje dibuja sobre un rudimentario trípode de madera que soporta un cajón con varias lentes, algo así como una especie de primitiva y aparatosa cámara de fotos.

En realidad, el artilugio evoca la dieciochesca cámara oscura. Si hallamos a este tipo cerca de la bellísima Salute o a los pies del Rialto, no crucéis por delante de su cámara oscura, porque está emulando al pintor más famoso de la más famosa Venecia: Canaletto.

Hoy, todos viajamos cargados con nuestra cámara para inmortalizar mil veces cada lugar. Antes no era así, y no estoy hablando de cuando las cámaras tenían carrete, si no de mucho antes de existir la fotografía.

En aquellos tiempos, para tener un recuerdo visual de un viaje había que dibujarlo. De ahí que hubiera ilustradores especializados, y en Venecia abundaban estos artesanos, diestros en hacer vistas de la ciudad para venderlas a los viajeros, en su mayoría ingleses.

Entre esos artesanos surgió un grandísimo artista: Antonio Canal Canaletto. Él se inició ayudando a su padre, un reputado escenógrafo de ópera. Pero pronto se dio cuenta de sus capacidades, y tornó los decorados en lienzos, aunque nunca olvidó sus orígenes.

Así, en sus cuadros creaba escenarios urbanos, representados a partir de colores únicos envueltos en luz acuosa y perspectivas vertiginosas, simétricas, creadas a partir de la sombra, la luz, el volumen de los palazzos e iglesias. Y todo ello, basándose en los apuntes que tomaba al natural con su cámara oscura.

Apuntes que luego en su taller mezclaba para crear composiciones, irreales a veces, que están en el subconsciente de quiénes todavía viajamos a Venecia, ya que su pintura, aún es la mejor publicidad  que tiene la ciudad.

De hecho, entre las postales que existen de Venecia, muchas reproducen obras de Canaletto, que por otra parte es muy difícil ver en la propia ciudad, ya que la gran mayoría de sus cuadros están dispersos por el mundo, en los lugares de origen de aquellos que los compraban, acaudalados viajeros que llegaban a Venecia.


Regata en el Gran Canal

Este es el caso de la obra reproducida: Regata en el Gran Canal de 1733-34. El lienzo está en el Castillo de Windsor formando parte de la colección real británica, y hasta allí viajó la imagen de la Venecia más festiva y hedonista, la imagen que se llevaban en el siglo XVIII aquellos que conocían la ciudad del Dux y la imagen que buscamos los que en el siglo XXI llegamos hasta la ciudad, sobre todo si tenemos la suerte de ir en Carnaval.

 

Visite la web del autor: www.maletadevuelta.blogspot.com.




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