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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Conventos arequipeños

 OTROS DESTINOS


Convento de Santa Catalina (Arequipa)

De los conventos de Arequipa, es sin duda el de Santa Catalina el más asombroso. Se trata de una ciudad dentro de la ciudad. Fundado en 1580 por la viuda María de Guzmán bajo la advocación de la dominica Santa Catalina de Siena, llegó a albergar a más de quinientas mujeres (un tercio de ellas religiosas y el resto siervas de las primeras). Cada religiosa tenía su propia casa y servicio, y si en alguna casa vivían dos o tres monjas, era porque ellas mismas así lo querían. Dentro de la ciudadela conventual, formando calles como en un pequeño pueblo, las casas eran construidas y decoradas por las familias, siempre ricas, de las religiosas.


Interior casa conventual (al fondo cocina en el patio)

Si bien la estructura de todas las casas era similar (una habitación con un arco bajo el que estaba la cama, un altar y alacenas, una cocina en el patio donde algunas criaban cuyes o tenían gallinas, y en algunos casos una sala complementaria o, como en el caso de una de las superioras, un reservado con el trono en el que estaba encajada la vacinilla que el resto mantenía bajo la cama), las posesiones varíaban y algunas contaban con verdaderas obras de arte (ahora se exponen de manera conjunta en la pinacoteca del convento), instrumentos musicales e incluso lavadora.


De las casas de las monjas


Lavadero (Santa Catalina - Arequipa)

Para la mayoría funcionaba un ingenioso lavadero hecho con tinajas partidas por la mitad, un canal central de agua que mediante caños regulados por una simple piedra servía agua a las distintas tinajas y un sencillo sistema de desague mediante un canal que iba directamente al río. El baño personal se realizaba en piscinas: una para las sirvientas (acudían de tres en tres), otra para las monjas (de dos en dos), siempre tapadas. Y los domingos después de Misa se reunían en la plaza para intercambiar bienes. Pio IX abolió los privilegios de las monjas que vivían de manera independiente y con ciertos lujos obligándolas a cocinar, comer y dormir todas juntas lo que hizo que muchas de ellas abandonaran el convento, y esto ocurrió al mismo tiempo que se abolía la esclavitud en Perú por lo que algunas de las sirvientas tomaron los hábitos y se quedaron en el convento como religiosas. En cualquier caso la última casa particular fue abandonada, no por voluntad propia, en 1969. Hoy, la veintena de dominicas de clausura que viven en el convento ocupan instalaciones modernas y comunes.


Confesionario (Convento de Santa Catalina - Arequipa)

Por si todo esto fuera poco curioso, los confesionarios se abren desde el claustro mayor, decorado con pinturas sobre lienzo que hablan de las vidas de Jesús y la Virgen, hacia la iglesia por unas pequeñas perforaciones.

En este convento vivió la futura santa de Arequipa, la Beata Ana de los Ángeles Monteagudo (1606-1686) que entre otros dones tenía el de la sanación, la levitación, y la bilocación.

Las antiguas casas de las monjas han sido restauradas y se muestran como atractivo turístico desde 1970, gracias a la intervención del en su día rector de la universidad araquipeña, quien en 1948 consiguió que le dejaran entrar a ver el convento y a continuación disuadió a las autoridades municipales de su intención de partir el convento en dos para abrir una calle.


Uno de los claustros del Convento de Santa Catalina (Arequipa)

La otra gran joya conventual arequipeña es la sacristía de la iglesia de la Compañía de Jesús (situada a la izquierda del altar). Las pinturas realizadas en el siglo XVII con tintes minerales naturales que cubren esta pequeña sala, denominada de San Ignacio de Loyola, cuentan con motivos selváticos, vegetación profusa y pájaros de vivos colores,  posiblemente porque allí se formaba a los frailes que habían de ir a la selva. También pueden obrservarse cabezas de guerreros, en las esquinas. El claustro ha sido reconvertido en pequeño centro comercial y bajo sus arcos se abren tiendas textiles, fundamentalmente de baby alpaca, una bodega y una joyería, y en la parte superior hay una pequeña cafetería.


Sala Capitular del Convento de Santa Teresa (Arequipa)

También se ha subido al carro del turismo el convento de Santa Teresa (fundado en 1702) que, bajo el nombre de Museo de arte virreinal, exhibe en muchas de sus salas, incluida la capitular, algunas de las ricas donaciones de la que fuera una de las congregaciones más caras (exigían dotes muy elevadas a las novicias) y exclusivas (su límite de admisión estaba en veintiuna religiosas) de Arequipa. Por ejemplo, la nieta de Francisco Correa, cuando ingresó en el convento, llegó vestida de blanco acompañada por una orquesta y caminando desde su casa sobre láminas de plata que aún se conservan en el convento. En el patio de entrada hay una pequeña cafetería donde venden la repostería de la veintena de monjas que aún viven en el convento.


Claustro (San Francisco)

El de San Francisco, fundado en 1552, también muestra algunas de sus riquezas, fundamentalmente muebles y pinturas cuzqueñas del siglo XVII, para sacar algo de dinero para la manutención de los siete frailes que aún lo habitan (llegó a haber 70-80). En el claustro llama la atención un puma de cuya boca sale el pie de un niño como representación de los sacrificios a los dioses, la pintura más grande de Arequipa, un árbol genealógico franciscano con más de 900 personas pintado por el arequipeño Antonio Guzmán, y el órgano de 710 tubos dañado por el terremoto.


Altar (Iglesia del convento de San Francisco)

Pero su posesión más preciada puede verse de manera gratuita: es el altar repujado en plata que luce su iglesia, en la que se combina sillar y ladrillo para lograr mayor flexibilidad en caso de sismo. El enorme retablo de madera del altar mayor fue realizado con los ingresos obtenidos por la película “Yo pecador” protagonizada por uno de los frailes del convento, José de Guadalupe Mojica, un mejicano  músico y actor, que pintó además los óleos que lo decoran con escenas de la Virgen de Guadalupe.

Las fotos las hicimos a medias, Eva Orúe y yo misma. 

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