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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Ciudades IV. Sueños desahuciados

¡Si estoy soñando, deseo despertar… Si estoy despierta y eso que toco es la realidad… deseo soñar!


Un sueño se desmorona como una ciudad en ruinas. Un sueño se deshace ahora al abrir los ojos. ¿Por qué? ¿Por qué? Dos monosílabos que suenan huecos ante la sensación de impotencia que los impulsa.

Paseo por estas ciudades de la memoria de un futuro que nunca llega, paseo por estos sueños que me mecen y luego expulsan a la orilla seca y árida.

¿Estoy despierta?

Ahora dos palabras en un tono de interrogación e incertidumbre.

Miro las fotos antiguas que nunca pude hacer y lloro de anhelo. Anhelo esta ciudad que ya no existe, anhelo sus calles, sus perfumes inventados por mi sentido del olfato y por las ideas que tengo sobre cómo son los olores que me gustan. Anhelo esta ciudad que se desmembra… esa ciudad-cuerpo que vuela en una camilla hacia la sección de urgencias de cualquier lugar. Anhelo.

¿Estoy soñando?

Nuevamente dos palabras unidas en forma de pregunta.

Pero quién podría contestar. ¿Quién podría contestarme?

Más preguntas.

Al otro lado silencio. Es un silencio típico de los sueños turbios. Un silencio típico de las ciudades, que como ésta, caen en el olvido de su propio creador. Sin embargo, yo quiero entrar en esta ciudad adormilada y abarcarla por dentro y por fuera, como si fuese un sentimiento. Una ciudad sentimiento.

¿Podrían los sentimientos manifestar formas? ¿Podrían las formas convertirse en sentimientos? ¿Podría ser que lo que sueño sea más real que lo que lo cotidiano me ofrece como una posible realidad? ¿Podría tener la libertad de saberlo? ¿Podría saber? ¿Podría elegir?

Preguntas, preguntas, preguntas… una esperanza persistente y cabezota me hace presentir que las respuestas me llegarán, que algo o alguien me las soplará al oído. Que alguien o algo me hará consciente.

Seré consciente para recorrer esta y todas las demás ciudades fantasma, ciudades cuerpo, ciudades sentimiento, ciudades sueño.

Dormida o despierta recorreré cada estructura que se derrumba, cada paisaje que se borra, cada rincón que se pierde.

Saltaré sobre el último tranvía que casi se eleva sobre una tierra que se ha deshecho de los raíles, del asfalto… y miraré hacia abajo primero, hacia las plantas y raíces que brotan feroces… y después… después, dormida o despierta, tal vez soñando o tal vez siendo soñada, miraré hacia arriba, hacia el cielo un poco azul, un poco plomizo, un poco blanco, un poco pálido o rosáceo de todas las ciudades deconstruidas, desandadas, perdidas en la memoria de los habitantes que anhelaron su existencia, pero que nunca pudieron, que nunca pudimos, atestiguar a ciencia cierta que no fueron más que anhelos en descomposición. Sueños de alguien que no está dormido.

  


Pequeños Deberes- Pinta en tu imaginario una ciudad sueño, pinta inmediatamente después todo el sueño que quisieras poder soñar, en el momento exacto antes de caer dormido y acto seguido deja que lo que tenga que suceder, ocurra sin más…

A.AliciaNlaRealidad@gmail.com




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