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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Bonito, sí, pero


El cine del director de Amores perros ha ido derivando hacia la grandilocuencia sin perder una aguda conciencia social y una clara definición de los personajes que nos otorgan los mejores momentos de su último filme. Biutiful, como Babel,  tiene muchos escenarios, entre ellos, la capital mexicana y el barrio del Raval de Barcelona, pero un hilo conductor firme: el personaje de Uxbal que interpreta con intensidad algo pasada de rosca Javier Bardem. Nuevamente Alejandro González Iñárritu denuncia los males de la globalización económica, social y cultural, pero en esta ocasión parece decantarse más por el lado humano del relato, lo que proporciona algunos de los mejores momentos del filme y también otros  que ponen en evidencia sus limitaciones  como narrador.  Así,  la película  transmite dolor físico, indignación, desesperanza  pero la verdadera emoción no acaba de aflorar.

Biutiful es un melodrama coral pero también la historia de un ser contradictorio cuya mezcla inocencia, hieratismo y fe  en el ser humano pueden conmover o irritar al espectador. Llena de secuencias filmadas con brío, sin escatimar la crueldad y el simbolismo, es sobre todo un canto a la capacidad de los seres humanos para sobrevivir en un mundo hecho de trampas y un retrato de la vida en las grandes urbes que no suele aparecer en los noticiarios. No obstante, como ocurre en otros de sus trabajos, el director  se sitúa por encima de sus maltrechas o inquietas criaturas cayendo en cierto paternalismo, sarcasmo y condescendencia que no casan bien con la protesta y el retrato de unos seres olvidados  por sus familias o maltratados por  sus entornos sociolaborales.

Estamos ante una elocuente muestra de “cine político” en la que los personajes  y las secuelas psicológicas de la extorsión son más reconocibles que los escenarios en los que transcurre; ante un buen trabajo interpretativo y una muestra entre las delicadas fronteras entre  el largometraje de denuncia y del filme-espectáculo. Biutiful conmueve, a ratos deslumbra o entristece pero nunca acaba de convencer de la honestidad del lo que cuenta.




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