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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

¿Pastilla Azul o Pastilla Rosa?


Imaginaros que cualquier mañana de este desapacible otoño a la salida del metro de Lavapiés te regalan un ejemplar de un nuevo periódico gratuito (no lo es, pero seguidme el juego, por favor) que lleva la sugestiva cabecera de La Pastilla Rosa. Como vas con prisa lo pliegas y lo guardas en el bolsillo y cuando llegas a casa lo dejas sobre tu mesa de trabajo mientras piensas que  con ese título tal vez se trate de  un periódico del colectivo gay,  o de humor drogata, o de medicinas alternativas, o de… Al final dejas de elucubrar y te pones a leerlo para salir de dudas. Y entonces,  cuando tienes la portada ante los ojos y lees titulares del tipo: Perú prohibirá los coches por voto popular. La Tate ha comprado 70 pieles humanas tatuadas. Los hinchas se alzan contra el negocio del fútbol. La Iglesia ha sido abolida en Bolivia. Contra la nueva pandemia no hay vacuna. Ya han muerto 17.469 personas,  acompañado este  del  comentario vitriólico del bioquímico Stefan MacCullers que dice: “el mundo está mejor sin ellas”.

Pues eso, lees estas perlas informativas y no puedes por menos que  arquear una ceja y mirar a tu alrededor para cerciorarte  de si continuas en la realidad o, por el contrario, has sido abducido, por  no se sabe qué poderes, a un universo paralelo  en que suceden cosas tan peregrinas. Cuando ves que tu casa sigue teniendo el mismo aspecto de siempre y que nada parece haber cambiado en el ámbito de tu ¿realidad? cotidiana ya nada puede privarte de la curiosidad de ir hojeando las diversas secciones que a la manera clásica  del periodismo componen el tabloide y según  lo haces tu ceja se  va acercando peligrosamente al nacimiento del pelo y amenaza con desaparecer.

Luego descubres con creciente estupor ─y la ceja aún en alto─ que van por el número 777 y tú ni habías enterado de su existencia. ¿Cómo es posible? te preguntas. Y yo que creía estar al tanto de todo lo que se cuece.

Terminado de hojear, decides que es un periódico que no es un periódico. Me explico: en él no  se habla de crisis, ni de Assange, ni de Zapatero, ni de Rajoy,  que se han convertido en nuestras realidades objetivas diarias. Por lo tanto  decides que, definitivamente,  es “otra cosa” con forma de periódico y para averiguar más  te metes en la bolita mágica de Internet y,  a tropecientos mil megas de velocidad adeseélica, consigues la información.

Se trata,  ni más ni menos, que  de un invento literario debido a  Rafael R. Valcárcel un autor peruano afincado en Madrid que en 2008 ganó el Premio Iberoletras con la obra  Otras Palabras, libro que ampliaba la ficción del libro más allá de sus páginas. Ahora ha dado un paso más allá  al publicar La Pastilla Rosa en el que  según sus propias palabras: “he buscado diluir el límite que el lector le adjudica a su propia realidad. Cuando uno lee un libro de narrativa se traslada a un mundo que reconoce como ficticio (poco o mucho, pero ficticio), distante en tiempo, espacio o por sus leyes naturales o sociales. Sin embargo, cuando uno lee un periódico, por más que la subjetividad rebose de las páginas, el suceso se asume como verídico. El pensar sobre lo que se está leyendo deja de ser un filosofar sobre supuestos y salta a un reflexionar sobre hechos concretos que afectan nuestro entorno, ya sea colectivo o individual. Con La Pastilla Rosa, mi intención es que el lector inicie una relación con las historias de La Pastilla Rosa en un plano real y que las emociones que en él se despierten lo conviertan en un personaje de ficción de carne y hueso, durante unos minutos, horas, días o semanas; hasta que contraste la información o llegue a la sección literaria del periódico donde se desvela que lo que se tiene en las manos es un libro de relatos. También es probable que, desde un primer momento, haya quien dude sobre la fiabilidad de las noticias, pero el dudar es suficiente para que él respire dentro de las historias durante un rato”.

Aclarada su extraña filiación, uno ya puede relajarse y disfrutar de cada relato en forma de artículo periodístico que no otra cosa es La Pastilla Rosa y saborear su especiada calidad literaria en sus distintas secciones: cartas al director, entrevistas, reportajes, noticias, historietas, poemas y anuncios, entre otros contenidos.

Con habilidad, buen hacer literario, humor del bueno, Valcárcel nos lleva de la mano por un mundo paralelo hablando de lo divino y lo humano, del calentamiento global, la soledad, la política, la religión, la muerte, la historia, el deporte y la publicidad, en un formato tan inusual como atractivo.

Si no lo encontráis en librerías o quioscos, podéis verlo en formato PDF en la web del autor; pero sobre todo no dejéis de leerlo. ¡Hay que tomar partido!: o pastilla rosa (y enterarse de la realidad y hacer algo) o pastilla azul (para seguir en la indiferencia de la ignorancia). Vosotros mismos.




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