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Viajar al óleo

Armando Cerra

Año 1919: la Acrópolis de Atenas


Foto: Mónica Grimal

Sí. Tras la pléyade de genios clásicos del rango de Fidias, Policleto o Praxíteles ha habido más artistas en Grecia.

No deber ser fácil para un creador competir con el Partenón, cuya sombra abarca no sólo Atenas, sino que llega a cualquier rincón del país. Sin olvidar el corsé que suponen los rígidos iconos de la religión ortodoxa. Y es obvio que la historia griega ha sido de todo, menos placentera, lo cual tampoco es el mejor de los paisajes para la creación.

Con las excepciones de El Greco y Giorgio de Chirico, la gran mayoría de pintores griegos han tenido repercusión local. No obstante, ha habido artistas griegos merecedores de reconocimiento. Es el caso de Konstantinos Máleas (1879-1928), del cual no es fácil encontrar información en castellano, ni siquiera en la red, por eso tal vez estas letras en Divertinajes supongan un hito.


La obra de arriba, titulada La Acrópolis, vista entre pinos y aloe, muestra la imagen típica de Atenas: la Acrópolis, pero es una interpretación a base de largas pinceladas y formas ondulantes, heredadas de dos de sus más admirados maestros: Gauguin y Van Gogh. Todo ello cubierto por la atmósfera dorada de la luz mediterránea.

Máleas está considerado como uno de los más importantes pintores griegos de comienzos del siglo XX. Con él comenzó cierta renovación pictórica, si bien es cierto que a remolque de las tendencias y vanguardias de la Europa occidental, ya que en los trazos de Máleas se ve la influencia de la pintura fauvista y simbolista que sin duda conoció durante sus años de formación en París.

En definitiva, Konstantinos Máleas es un ejemplo más de la larga tradición de artistas griegos que, empequeñecidos por el prestigio de los clásicos, han interpretado los paisajes e historia de su país, adaptándola a su momento.


Foto: Mónica Grimal

Hoy en día, cuando se visita Atenas, se comprueba que esta tradición continúa. Los turistas, y también los viajeros, ascienden hasta la Acrópolis y reflexionan junto a las columnas caídas del Olimpeion o pasea entre las ruinas del Ágora, pero en algún momento hay que tomarse un descanso y sentarse en un café.

Con un poco de suerte, se entra en algún café del barrio de Kolonaki. Ahí, se palpa la efervescencia artística del país, tanto en las artes tradicionales como en disciplinas contemporáneas relacionadas con el diseño gráfico o los audiovisuales. Al ver esas obras del siglo XXI, al igual que en las pinturas de Máleas se puede apreciar el peso de lo clásico y las influencias venidas del extranjero, así como el siempre convulso presente de Grecia, ahora en forma de profunda crisis económica.




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