Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Los viajes

de Sara Gutiérrez

Nazca y sus inquietantes líneas


Casa Andina Classic - Nazca

 OTROS DESTINOS

Bien entrada la noche, desembarcamos del autobús que nos había recogido en Paracas con un retraso de hora y media sobre el horario previsto en el pequeño recinto que en una esquina le hace a Cruz del Sur las veces de estación en la ciudad de la misteriosas líneas de Nasca (también Nazca). Animadas por el guardia de seguridad, cogimos el primer taxi que se nos ofreció (3 soles), y en pocos minutos estábamos en el Hotel que habíamos reservado: Casa Andina Classic.

Situado en la calle principal, y construido a modo de motel urbano, sus sencillas instalaciones son más que suficiente (tiene incluso una pequeña piscina). Y aunque haya que dejar la habitación a las 12:00 guardan el equipaje y brindan los espacios comunes para lo que uno pueda necesitar (por ejemplo, lavarse un poco y cambiarse de ropa antes de tomar el autobús de las diez de la noche hacia Arequipa).

Después de sobreponernos a las nefastas noticias publicadas sobre las diferentes aerolíneas locales (que por lo visto siguen dando qué hablar), cuando preparábamos el viaje desde Madrid, contratamos un vuelo para sobrevolar las inquietantes líneas de Nazca con la agencia Mystery Perú. Por arriesgado que sea, es difícil pasar de largo sin dejarse tentar… ¿no?


Plano de las líneas de Nazca

No hay forma de ver los dibujos completos si no es desde las alturas, y no es posible verlos ahora que ya están terminados pero tampoco lo era cuando hace cientos, tal vez miles de años, fueron trazados. Probablemente los realizaran a escala, a partir de pequeños modelos. Tal vez. Pero incluso si queda desentrañado el misterio de cómo se hicieron (que es mucho pensar) sigue sin saberse, ni por asomo, qué significan, ni quién los hizo. Un apunte en este sentido: nadie da crédito a las teorías de Erick von Daniken pero su interpretación de las líneas de Nazca como pistas de aterrizaje para extraterrestres fue un best seller.

La persona que vino a recogernos al hotel para llevarnos al aeródromo nos lo advirtió: «Es necesario que se armen de paciencia. No se sabe muy bien a qué hora será posible volar, parece que las condiciones climatológicas no son las más adecuadas.» Algo que al parecer pasa con cierta frecuencia.


Aeródromo de Nazca

Y efectivamente, a las diez de la mañana, en el pequeño aeródromo no había más actividad que la de los numerosos turistas que trataban de subirse a una avioneta y engañaban al tiempo contemplando el vídeo informativo o paseando entre los puestos de recuerdos. Ángel, nuestro amable guía, nos ofreció salir a un hotel cercano a ver ese u otro vídeo similar sobre el cómo y el por qué de las líneas. Así que nos entretuvimos con un documental hecho a base de fragmentos de entrevistas realizadas a Maria Reich, la gran dama de las líneas de Nazca, algunas firmadas por Tony Morrison, quien comenzó a interesarse por el misterio de las líneas de Nazca en 1963 y, además de rodar varias películas y documentales, escribió cuatro libros sobre el tema.


Ceramista

Cuando acabó el vídeo, a la vista de que aún no podríamos volar, Ángel nos ofreció visitar a algunos artesanos locales y aceptamos encantadas. Así llegamos al taller de una familia, Esmeralda (Avda. Los Maestros San Carlos), que ha recuperado la técnica de la cerámica Nazca y con instrumental original (rescatado de las tumbas del desierto) realiza piezas con diseños idénticos a los que lucen las piezas de la cultura Nazca (s. II-VIII) exhibidas en los diferentes museos del mundo.

“Muchos diseños los sacamos de piezas que vemos en internet”, nos dijo uno de los artesanos. Y, sin soltar la obra que estaba elaborando, nos explicó que la mayoría de las piezas originales de cerámica Nasca han desaparecido como consecuencia del pillaje sufrido por las tumbas del desierto y no hay referencias de sus técnicas de elaboración. Pero que un entusiasta, Andrés Calle, había dedicado 25 años a estudiar los restos que fue encontrando por el desierto y había concluido que la técnica original de elaboración de esta preciada cerámica ornamental e instrumental era la siguiente: se pone arcilla de los Andes en agua durante un mes, se quitan las impurezas, y se mezcla con arena de río (muy, muy fina), lo que da lugar a una especie de plastilina. Esta masa se modela en forma globular con dos picos (para que no reviente al cocerla) y un alza puente. También averiguó que los tintes eran inorgánicos (caolín blanco y amarillo, manganeso negro y rojo, óxido de hierro y óxido de cobre). Las piezas se pulen con una piedra de baquelita y con la grasa de la propia frente se le da brillo. Se dejan secar 3-4 días al sol y después se meten al horno donde, protegidas por tejas, se cuecen con carbón. Así, los colores pasan a formar parte de la arcilla y no desaparecen nunca. Se encontraron piezas hasta con seis colores. Los motivos principales eran picaflores (muy abundantes) y dioses. Parece ser que los pinceles se hacían con el primer corte de pelo de los niños.


Artesano del oro

Después pasamos a un taller en el que se trabaja una de las principales riquezas de la ciudad: el oro. Tienen tanto poder los buscadores de oro que las autoridades no han conseguido que salgan de la ciudad a pesar del peligro contaminante del mercurio que manejan. Un dicharachero artesano metido a guía nos explicó el proceso de extracción artesanal del oro y nos ofreció algunas piezas de distintos quilates. Compramos unos pendientes con forma de cóndor (50 soles). El hierro y el cobre son los dos otros objetivos mineros de la zona.

Como todavía no había noticias de que pudiéramos volar, aunque ya habían empezado a salir avionetas, decidimos, por indicación de Ángel, acercarnos a ver el curioso sistema de acequias sinuosas y subterráneas con respiraderos en espiral cuya técnica de construcción, inca, aún no ha sido desentrañada. Así entramos en el Valle de Cantayoc en el que, en medio del desierto se cultivan frutas (mucha sandía), patatas, algodón y legumbres, y supimos que los habitantes de Nazca, una de las regiones más secas del mundo, disponen de agua corriente únicamente durante una hora u hora y media al día, mientras que estas acequias en las épocas de lluvias aportan 19 litros/segundo y, en cualquier caso, no se secan nunca.

Desde allí mismo pudimos ver la “duna más alta del mudo”, la Montaña Blanca, sobre la que se acumulan las arenas traídas por los vientos del sur que incrementan la altura de la montaña en más de 1.000 metros.


Valle de Cantayoc


Trapecio visto a ras de tierra

También nos acercamos a ver una línea próxima a la carretera y el guía nos explicó que lo que desde el aire se aprecia como una línea es el terreno limpio de piedras existente entre dos trazados paralelos con piedras (de natural, todo el suelo está salpicado de piedrecillas oscuras).

Volvimos al aeródromo y tras una larga espera que nos hizo cometer el error de comer (patatas fritas) y beber (agua, yo; y coca-cola, mi fotógrafa), y durante la cual el propio gerente de Mystery Peru hizo lo posible y lo imposible por dar cumplimiento a nuestra reserva, conseguimos lo que al parecer ese día no fue posible para todos los que tenían planeado hacerlo: subirnos por fin a una avioneta.

Ibamos el piloto, el copiloto que se volvía continuamente para gritarnos en medio del ruido dónde se encontraban las figuras trazadas quién sabe por quién ni para qué, dos chicas danesas (una afanada con la cámara, la otra enfundada en la bolsa para el mareo) y nosotras dos (asombradas, al principio; deseando que el suplicio acabara cuanto antes, inmediatamente después). Lo cierto es que todas las figuras que aseguran que verás las puedes ver perfectamente, mucho más cerca de lo que cabría esperar gracias a la pericia del piloto, y las cámaras las captan con mucha mayor nitidez de la que tú mismo puedes creer en el momento. Pero el ruido y el mareo restan demasiado encanto al espectáculo.


Sobrevolando las líeas de Nazca

Camino al hotel apenas hablamos, teníamos hambre pero no nos apetecía comer, aunque finalmente fuimos a La Encantada y nos zampamos unos buenos platos de verduras thai y enrollado de corvina (rellena de queso y jamón york) con salsa de gambas.

Dedicamos la tarde a pasear y nos acercamos al Museo Arqueológico Antonini, lo que nos permitió ver más cerámica Nasca, cráneos perforados para ser colgados de la cintura en rituales y más calles del pueblo. Por todas partes hay obras en el asfalto, pintadas electorales y gente con chalecos refractantes que ofrecen recargas de móviles. Después de pasear arriba y abajo las calles centrales del ruidoso Nazca, regresamos al hotel para continuar la labor de nombrar las fotos y prepararnos para el largo viaje nocturno.


Por las calles de Nazca

En la miniestación de Cruz del Sur cenamos unas empanadillas de carne y plátanos. Después nos dieron en el autobús un sándwich y un trozo de bizcocho. Viajamos en la parte de arriba, en la zona menos lujosa, pero disponer del primer asiento nos permitió estirar las piernas y ponerlas sobre el salpicadero: dormimos divinamente.

 Las fotos las hicimos a medias, Eva Orúe y yo misma. 

OTROS DESTINOS

PERÚ EN DIVERTINAJES

Preparación del viaje
Lima: Miraflores y Barranco
Lima: Centro histórico
Oro y chifa
Paracas: Islas Ballestas y Reserva
Nazca y sus inquietantes líneas
Arequipa
Conventos arequipeños
Cañón del Colca
Puno y el Lago Titicaca
Amantaní
Taquile
Puno-Cuzco (I)
Puno-Cuzco (II)
El valle sagrado de los incas
La Plaza de Armas de Cuzco
Más Cuzco
Por fin... Machu Picchu




Archivo histórico