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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Latidos

"Estás quieta, posada firmemente sobre tus pies e inspiras el aire frío y húmedo".


El corazón se expande, se dilata ante la belleza del cielo que cubre los tejados bajos y rojizos de la pequeña ciudad donde vives. Tu corazón se estremece por el impacto ante la visión del vuelo repentino de las palomas que baten las alas como si el peso de sus plumas fuese enorme. Se elevan entonces en grupo, hacia ese cielo que tanto te gusta y sus cuerpos de vez en cuando destellan iluminados por los rayos desordenados del sol.

Miras hacia arriba y tus ojos se entrecierran. El corazón te golpea el pecho y coges aire.

Los latidos de tu corazón se perciben por todo tu cuerpo. Y te dejas estar. Te dejas llevar. Fluyes. Fluyes de algún modo misterioso y fácil. Te liberas de tu propia dimensión física y te dejas ir. Te dejas ir, caer, elevar, flotar...

 

Entonces llega él, llega ella por detrás y antes de que te hayas dado cuenta de su presencia te tapa los ojos con sus manos.

- ¿Quién soy?- escuchas su voz pronunciar estas palabras y te ríes.

- .- dices tú muy bajito.- Eres tú.- vuelves a decir y nuevamente coges aire mientras detrás de tus párpados cerrados sólo ves oscuridad y motitas azules y rojas, como manchas de color que surgen de vez en cuando entre el oscuro y negro fondo.

Sin embargo la respuesta que recibes no es la esperada. La inercia del juego se para en seco. Tres, dos, uno....... y... ya no es un juego lo que sucede y las manos que tapan tus ojos siguen quietas, firmes, inamovibles.

- No. No soy yo...- la voz que ahora oyes ya no es su voz. Ni el timbre, ni la textura, ni el volumen te son cercanos. El cuerpo que hay detrás tuyo, te está inmovilizando y ese cuerpo no es su cuerpo. ¿Quién es? ¿Quién? Tus latidos se aceleran de un modo insistente y los percibes pulsar en las sienes, en tus sienes que están ahora a merced de alguien que no conoces, de alguien que no es el que era.

Escuchas entonces a lo lejos el batir de las alas de las palomas. Como en un sueño del que no sabes si podrás despertar.

Algo roza suavemente tu nunca y se desliza por la piel de tu hombro antes de desaparecer en la oscuridad como tú. Las manos que tapan tus ojos se tensan sobre tus párpados. Un destello. Un destello que también pasa sin quedarse. Aire. Un latido más. Y nada...

 

 


Pequeños Deberes- Si la pluma de un ala de pájaro cae cerca tuyo... recógela y guárdala con cuidado. A veces se cumplen los deseos.

A.AliciaNlaRealidad@gmail.com

 

 

Fotos- Latidos- (sobre Síndrome) por A. Davidova




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