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Evaristo Aguirre

No hay olla sin tocino...


… Ni sermón sin agustino”. Es un dicho con el que me he topado en las páginas de Comidas y vinos de España, de Richard Ford (Reino de Goneril; traducción de Enrique de Mesa y edición de José Esteban). Se me ocurrió enseguida una versión laica, más adecuada a estos tiempos, en los que lo del sermón tiene un puntito despectivo: No hay olla sin tocino, ni sermón sin un cretino… sí, yo también estaba pensando en ciertas tertulias televisivas digitales terrestres, o en algunas columnas de periódico, pero el bueno de míster Ford no tenía nada de eso en la cabeza, claro que no.

Él cayó por España, allá por 1830, en busca de un clima para su mujer más benigno que el de su Inglaterra natal. Era lo que siempre se ha llamado un viajero; antes porque se les llamaba así, sin más, y ahora porque se les quiere diferenciar de esa cosa tan vulgar que son los turistas. Yo he sido turista siempre –qué le voy a hacer– y por eso les tengo mucho respeto a los viajeros, personas que se integran en los lugares a los que van, que se impregnan de sus cosas y que, en la mayoría de las ocasiones, saben poner por escrito, y muy bien, sus experiencias. Luego es verdad que lees algunas cosas que te dejan pensando, pero dónde habrá estado este hombre o esta mujer, y con quién se habrá relacionado. Pero bueno…

Este Richard Ford recorrió aquella decimonónica Península Ibérica y escribió Las cosas de España, de donde José Esteban (una de las personas que más ha leído, sobre todo de literatura española, y de quién habrá que hablar alguna vez) ha seleccionado los párrafos dedicados a la bebida y a la comida para conformar este librito de tan placentera lectura.

Vale que nadie va a encontrar revelaciones en estas páginas, pero sí va a disfrutar con la experiencia de este hombre y a compartir muchas veces los aromas del gazpacho, el gusto de los vinos de Jerez o la satisfacción de una tortilla de patata. No está mal, ¿no? 

eaguirre@divertinajes.com




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