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Viajar al óleo

Armando Cerra

Delft de Vermeer


Foto: Mónica Grimal

En la actualidad, el arte contemporáneo emplea todo tipo de formatos, técnicas y materiales. Si hoy en día un artista local se decidiera a tomar a la ciudad holandesa de Delft como modelo, se montaría en una bici y cargado con su portátil comenzaría a circular a orillas de los canales del centro de la ciudad.

En su paseo se asomaría a los grandes ventanales de las viviendas, siempre sin cortinas, de manera que le sería posible captar la sociedad holandesa del siglo XXI. Después, tomando distancia, podría retratar la ciudad en su conjunto y a base de pixeles incorporaría pinceladas de modernidad, brochazos de burguesía, ciertos tonos de aparente frialdad, filtros envejecidos combinados con notas jóvenes y osadas, y al final añadiría rascaduras de libertad.

El resultado sería una instantánea digital, regida por la pulcritud y la exquisita urbanidad, de una de las ciudades más bellas de los Países Bajos.

Lo mismo hizo Vermeer, pero a base de óleos y lienzos, luces y geometría. Vermeer de Delft retrató su ciudad natal con escrupuloso realismo, tanto en sus detalles y personajes como en su conjunto.

Son famosas sus escenas como La Encajera o La Lechera, pero entre sus obras más logradas se encuentra la Vista de Delft, una maravillosa y metódica postal de la urbe, y que por el mero hecho de hallar el encuadre que eligió el pintor bien merece una visita.


Vista de Delft, de Vermeer

Lo que no se encontrará en Delft será el propio cuadro, ya que se expone en el Museo Mauritshuis de La Haya. Quizás esto sea más una metáfora que una coincidencia, ya que cuando en 1661, Vermeer pintó su ciudad, ésta era una de las más pujantes de todo el país, incluso era la sede de la Compañía de las Indias Occidentales, es decir, se trataba de una ciudad rica en su máximo apogeo y esplendor.

No obstante, casi coincidiendo con el fallecimiento del artista en el año de 1675, se inició el declive económico en Delft. A la par, comenzaron a emerger sus vecinas Rotterdam y La Haya. Las diferencias se fueron acrecentando con el paso de los años y los siglos, en realidad hasta hoy.

Sin embargo si un artista actual buscara representar la esencia del país de los tulipanes, tendría que elegir las calles y los habitantes de Delft. Ahí se comprende el carácter de los holandeses, y con suerte el artista puede toparse con el espíritu de uno de los pintores más atractivos y enigmáticos del país: Johannes Vermeer de Delft.




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