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Errata

Evaristo Aguirre

Flamenco


Qué bien viene tener eso que se llama una percha informativa (que no es más que una noticia que te da la excusa para tratar algo) para hablar de un libro. Lo cierto es que aquí nunca tenemos mucho en cuenta eso, más allá de que los libros que aparecen se puedan encontrar todavía en las librerías, pero bueno, esta semana la Unesco ha dicho que el flamenco será considerado a partir de ahora Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, o así. No sé muy bien qué implica esto, pero malo no será y a mí me ha brindado esa percha para hablar un rato de Historia social del flamenco, de Alfredo Grimaldos (Península, con prólogo de José Manuel Caballero Bonald).

Grimaldos es crítico de flamenco (escribe en El Mundo), un buen crítico de flamenco, y es un hombre de izquierdas, con todo lo bueno y lo malo que eso tiene; hay algunas opiniones sobre la transición política española, por ejemplo, a lo largo del libro, que podrían discutirse. Así, su mirada hacia la historia del flamenco tiene eso que anuncia el título, un peso social considerable, que es uno de los atractivos; el otro es su experiencia personal, sus conversaciones con cantaores, guitarristas o bailaores que ha utilizado, como lo ha hecho con su vida, por lo que se ve, marcada por esta música y todo lo que la rodea.

No es un libro solo para aficionados al flamenco, es un libro también para quien le interese la historia reciente (bueno, se remonta hasta principios del siglo XIX) de España, vista desde otro rincón diferente al habitual, al de la corriente dominante, aunque las cosas no cambian tanto vistas de un lado o de otro. El asedio francés a Cádiz, cuando las Cortes de allí y Fernando VII, dejó su huella en las letras flamencas. La Guerra Civil hizo lo propio en las vidas flamencas. Hay una frase del cantaor Rancapino, uno de los grandes, en la portada del libro que dice más de lo que yo les pueda contar a ustedes aquí; y lo dice mejor: “El flamenco se canta con faltas de ortografía”.

De Alfredo Grimaldos leí hace un par de años una biografía de un cantaor de esos peculiares, Luis de la Pica. El duende taciturno (El Flamenco Vive) se titulaba, y es la historia de un tipo que ganaba unos duros cantando y se gastaba el doble en el día o los días siguientes; de un tipo que cantaba como nadie, a quien admiraban los de primera fila, Camarón, por ejemplo, pero que se quedaba allí, en su Jerez, cantando para unos pocos. Cuántos casos similares habrá en la literatura, en el arte, de gente que se quedó en su rincón y de los que no conocemos una obra sobresaliente…

Y hay un filósofo francés, Georges Didi-Huberman, que se ha ocupado de un bailaor español, enorme, Israel Galván, en su ensayo El bailaor de soledades (Pre-Textos).


Camarón y Paco de Lucía (de www.pacodelucia.org)

eaguirre@divertinajes.com




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