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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Lo bueno, si breve

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Hacía tiempo que no recibía ni libros ni noticias suyas, han sido meses difíciles, pero esta semana me llegaron tres obras como tres buenas nuevas, tres libros de esos que acostumbran a publicar, que no son de bolsillo y que no sé si puedo llamar “minilibros” porque ellos los han bautizado BREVES REENCUENTROS.

Me refiero a los libros de Navona, aunque quiero ocuparme no de los títulos (los tres últimos: Adina, de Henry James; El oro de Cajamarca, de Jakob Wassermann y Fiebre romana, de Edith Wharton) sino de un formato cuyo uso se extiende, imparable. Y salvífico: las cosas han mejorado notablemente, me dice Gemma Martínez, la editora, “y estoy convencida que se debe al bajo precio de nuestros libritos, muy, muy bien cuidados como sabes de papel, tipos, traducción, etc., pero poniendo siempre el precio más bajo”.

La calidad del artefacto es un factor esencial, por supuesto. También para los libros de bolsillo, digamos, tradicionales, quedan lejos aquellos encolados (no cosidos), de cubierta frágil cuyas puntas se abrían enseguida.

Pero, volviendo a estos que hoy nos ocupan, gusta comprobar que se hermosean con sus solapas y lucen más gramaje de cartón. Y encima caben DE VERDAD en el bolsillo. “Por todo esto nos dicen que hacemos bolsillo de lujo y que nunca saben dónde ponernos, si en mesa de novedades o en mesa de novedades bolsillo.”

… dos veces bueno

Es algo de lo que muchos se han dado cuenta. Nórdica tiene sus Mini Lecturas, libros de 11 x 17 cm; compuestos en tipos AGaramond e impresos sobre papel Munken Pure de 100 gramos,  grandes relatos de la literatura universal firmados por Cortázar, Willa Cather o Flaubert, para leer en el tiempo que dura una película de cine y al precio de una entrada”; Gadir, su Colección Pequeña Biblioteca en la que han encontrado acomodo, entre otros, Stevenson, Pessoa o Lewis Carroll; y Rey Lear sus Breviarios (12,7x18,5 cartoné con sobrecubierta), en los que se pueden leer obras de Pérez Galdós, Max Beerbohm o Lorenzo Silva.

No se me enfaden los que también practican el formato y no aparecen aquí mencionados, porque la moda ha arraigado. Parafraseando el título del libro de moda, son la literatura entre costuras.

Torpérrimos


Así deben vernos los editores, que no hacen más que publicar libros para que los patosos sepan defenderse en la vida.

A veces disimulan, como si no quisieran ofender, y dicen que los libros son para “dummies”. Dummy es una palabra que a las buenas significa maniquí y a las malas, bobo. Y yo creo que cuando la plantan en la portada de un libro diciendo, un suponer, Catolicismo para dummies, quieren significar catolicismo para gente falta de entendimiento o razón, y no para Naomí Campbell (aunque no sé si no habré encontrado un sinónimo sin buscarlo). Porque la cosa ha evolucionado, al principio eran sobre todos libros de corte técnico destinados a quienes se iniciaban en los arcanos de, un ejemplo, la informática. Pero, han tenido tanto éxito que quién se resiste a ir un poco más allá, y todavía más…

Por cierto, en España (que no en español, hay versiones en yo qué sé la de países), los dummies los publica CEAC.

Una idea muy difundida


Y no se crean, que esta no es una moda importada. Vengo en estos días a enterarme de que hace unos 20 años, Grupo Anaya publicó su primer título de la serie Libros para Torpes, un concepto tan vigente que han decidido relanzar la colección iluminada, hoy como entonces, por las ingeniosas viñetas de Antonio FraguasForges.

De momento, cuatro son los títulos: Cariño y teta. Manual de instrucciones del bebé, con el que Rosa Mª Jové nos quiere echar una mano a la hora de criar a nuestro bebé; Cosas de perros. Cómo conocer y cuidar a tu mascota, mediante el que Carlos Rodríguez nos inculca la mejor manera de educar a nuestras mascotas; De la cepa a la copa. Guía del Vino, obra con la que David Noel aspira a que de una vez acertemos cuando elegimos el vino; y, simplemente, Cocina, las recetas que Angelita Alfaro nos cede para triunfar en la mesa.

Que digo yo que para cuándo el más necesario de todos: Política, diferencia entre el beneficio privado y el bien común, y El intermitente, ese desconocido. Lo difícil, claro, es encontrar autores a la altura de la tarea. Aunque torpes los hay, y en abundancia, tanto a nivel de políticos como en lo que son los usuarios de las autopistas.

Y tan raros


Escuché el otro día a un profesor diciendo que lo más raro que había visto, en lo que a ortografía se refiere, era la palabra España escrita con X. Escrita por un alumno, no por un columnista deseoso de dejar clara su visión pesimista del estado de la nación única... o será que cada vez empiezan a opinar antes.

Esta perla que les traigo no llega a esa altura, pero tampoco está mal. Son raros, sí, los cachivaches sexuales. Raros, raros...



En el Escaparate de la edición independiente de esta semana:

:: Pobres mujeres, de Ignacio Carrión (Rey Lear).

:: La cadena rota, de Toti Martínez de Lezea (Erein).

:: La costurera del sonido, de J. del Corral, Y. Campos y F. Fuentes (Sieteleguas).

:: Abdallah o El trébol de cuatro hojas, de Édouard Laboulaye (Reino de Cordelia).

:: Una mujer, una historia, de Ana Herrera (Alfar).

:: Gog, de Giovanni Papini (Rey Lear).

 

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