Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Adiós, Míster Berlanga


Mucho se ha dicho ya sobre Luis García Berlanga, y sin embargo no resisto la tentación de volver sobre quien es un mito en la historia del cine español. Y ello por muchas razones.

Su obra, tremendamente irregular, incluye algunos de los títulos más recordados de los años cincuenta o sesenta como Bienvenido Míster MarshallPlácido o  la magistral  El verdugo, donde con humor grácil y sana irreverencia desafió a algunos de los códigos de la censura franquista y mostró, sin acritud pero sin condescendencia, un sector de la sociedad que no solía aparecer en las epopeyas imperialistas y en las producciones cartón piedra.

Introdujo, a su modo, el neorrealismo en el cine español teñido, eso sí, de un sabor a comedia capriana  que se fue oscureciendo con el paso de los años —y con la ayuda de su guionista Rafael Azcona— para mostrar su disidencia  no solo del régimen sino también de las costumbres sociales, morales y amorosas de la época que le tocó vivir.

Nunca fue tan lejos como Buñuel o Bardem (con el que rodó su primer largo, Esa pareja feliz) en su ataque a la dictadura  y siempre buscó, desde el humor y la ternura (que le proporcionaron actores como José Isbert) ganarse al gran público sin dejar de hacer comentarios caústicos sobre la sociedad de su tiempo.

Muchos de los actores más celebres del cine español de antes y después de la transición desfilaron ante su cámara de constructor de mundos reconocibles y también de desmesuradas óperas sociales, logrando numerosos premios internacionales. Alternado el costumbrismo y la sátira siempre estuvo bajo la mirada de los censores. 

La última parte de su carrera se vio empañada por cierta autocomplacencia, cierta redundancia y cierto tufillo machista que no impiden que la talla formal de sus películas, no siempre igual de logradas, estuviera bastante por encima de la de muchos de sus contemporáneos. Así, películas como La vaquilla o Todos a la cárcel lo descubrieron al público joven como cronista irreverente y mordaz de la llamada “España profunda”, sus miserias, sus esplendores, sus fetiches  y sus mitos.

Algunas de sus obras conservan intactas su frescura, amargura y potencia, otras tienen más un valor histórico y sentimental que fílmico,  pero todas expresan el talento de un hombre comprometido que utilizó el humor y el cine, la ironía y la irreverencia, como armas contra el totalitarismo.




Archivo histórico