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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Mucho ojo


Como en su cortometraje Backroom y en su primer e infravalorado largo El habitante incierto, el joven realizador Guillem Morales nos demuestra en Los ojos de Julia que es un astuto narrador y que domina como pocos la relación de los personajes con los espacios, los objetos y la delgada línea que separa la ironía del drama y el cine fantástico de la comedia negra.

No obstante, al contrario que en sus anteriores trabajos que destilaban frescura, hay algo en Los ojos de Julia que lo convierten en un thriller al uso; un filme lastrado por un exceso de pretensiones, al que rescata la mirada de un realizador inquieto y capaz de resolver con ingenio los argumentos más enrevesados y las situaciones más descabelladas.

Morales no nos ahorra sustos ni truculencias al acercarnos —sin ningún tipo de complejo— al inquietante periplo de Julia (esforzado trabajo de Belén Rueda) una mujer que, a punto de perder la vista, indaga en las causas que llevaron a su hermana ciega al suicidio.

El realizador utiliza todos los recursos del cine de suspense —con homenajes a Hitchcock incluidos— para contarnos una historia poco creíble cuyo único fin es jugar con un espectador que asiste a una puesta en escena impecable para una historia que se estropea cada vez que el director se acerca a Amenábar, a Del Toro y al melodrama romántico.

Como en sus otros filmes, Morales maltrata a sus personajes y consigue crear una atmósfera agobiante pero, en esta ocasión, se acoge demasiado al manto de otras producciones de cine español fantástico de éxito en detrimento de su toque de ironía, dureza y de su juego con el tiempo y el espacio. Estamos, pues, ante un thriller con toques poco convencionales —basta ver el uso que el director y su operador hacen de las sombras, las luces y los rostros de los personajes— ahogado por un argumento bastante previsible y una producción poco imaginativa.

El talento de Morales para contar historias con recursos predominantemente visuales se ven empañados por un aroma a relato antiguo y con una protagonista que sufre estoicamente la insensatez de un guión imposible y unos secundarios retratados con brocha gorda.




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