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Crónicas asiáticas

Ana Aranda Vasserot

¿Quién contaba el cuento?

anaarandavasserot@gmail.com

 


Qu Yuan

El artículo anterior de Crónicas asiáticas estaba dedicado a Qu Yuan, el primer poeta con nombre propio de China. Allí conté que Qu Yuan se suicidó arrojándose al río Miliu cuando Qin Shinhuang, que luego sería el primer emperador de China,  se apoderó del reino de Chu y, de esta manera, desapareció para siempre el hogar del poeta. Estamos en el siglo tres antes de nuestra era.


Tianwen y un dragón

A Qu Yuan se le atribuye un poema excepcional y extraño: el Tianwen. Ningún experto se pone de acuerdo en la traducción, ni en el origen del poema, y mucho menos en cuál es su significado. Respecto a la traducción, el problema se encuentra en el segundo carácter, wen (問)que puede ser verbo (preguntar) o sustantivo (pregunta). Así pues, no se sabe si Tianwen se refiere a “Preguntas al cielo” o “El cielo pregunta”. Como es obvio, es muy diferente que alguien le pregunte al cielo o que sea el cielo el que hace las preguntas (entendiendo el cielo como una especie de divinidad). En cuanto al origen del texto, tampoco se sabe con seguridad quién lo ha escrito y cuándo, a pesar de que se le atribuya a Qu Yuan.

La forma del Tianwen es casi única en la historia de la literatura antigua de China. Veamos cómo comienza para hacernos una idea:

Al comienzo de la antigüedad,
¿Quién contaba el cuento?
Cuando arriba y abajo no estaban formados aún,
¿Quién había para preguntar?
Cuando lo claro y lo oscuro se confundieron,
¿Quién podía distinguir?


Portada del Zhuangzi

Lo que hace único a este poema es que se trata de una sucesión de preguntas y dilemas sobre lo que “hay antes de lo que conocemos”. Un tema que quizá debería ocupar más el pensamiento de un filósofo que el de un poeta. Así, por ejemplo, el capítulo catorce del Zhuangzi comienza de una forma muy similar a las preguntas de Tianwen:


¿El cielo se mueve? ¿Está quieta la Tierra? ¿Compiten el sol y la luna por un lugar? ¿Quién preside y gobierna esto? ¿Quién lo mantiene? ¿Quién mueve, sin él actuar? ¿Es que hay una máquina que mueve el universo, sin que nada se pueda hacer? ¿O bien se mueve por sí mismo, no puede parar? ¿Están las nubes para que llueva? ¿Llueve para que haya nubes? ¿Quién forma las nubes y hace caer la lluvia? ¿Quién sin actuar, toma grandísima holganza en provocar esto? Levántese un viento del norte, sopla ora al este, ora al oeste, y forma grandes remolinos en las alturas; ¿quién es el que sopla y aspira? ¿Quién, sin actuar, impulsa con su aliento? Quisiera en mi osadía preguntaros por la razón de todo esto.”


Zhuangzi

Han pasado más de veinte siglos desde que Zhuangzi y Qu Yuan escribieron estos textos y todavía nos seguimos haciendo las mismas preguntas. Algunos se responden a sí mismos creyendo en un dios, algo que resulta insuficiente para muchos de nosotros, que como Zhuangzi y Qu Yuan, nos preguntamos entonces qué había antes de ese dios. La comunidad científica tampoco se pone de acuerdo, porque aunque la teoría del Big Bang parece explicar el origen del universo, sigue siendo una hipótesis.


El dibujante de Calvin y Hobbes, Bil Watterson, se hacía estas mismas preguntas en el álbum ¿Qué hago yo aquí?, desde un punto de vista existencialista. Y de alguna manera él mismo se respondía en el título de otro álbum: Partículas subatómicas en un grano de arena en una playa infinita, que tal vez es lo que, en definitiva, somos.

A mí me gusta también la respuesta que da el doctor al pequeño Alvy en Annie Hall, cuando el muchacho le dice que está deprimido porque el universo se expande y que un día se romperá y desaparecerá todo lo que tenemos .

—El universo se estará expandiendo por miles de millones de años, Alvy. Y nosotros debemos tratar de disfrutar mientras estemos aquí.

Volviendo al Tianwen, hay muchas teorías para explicar por qué fue escrito. Algunos expertos creen que es un texto sacerdotal de adivinanzas y otros piensan que son preguntas que dan pie a improvisaciones de los narradores de historias. Stephen Field cree que son temas para debatir en los círculos académicos de la corte. Y tiene una hipótesis interesante y plausible.

Según Field, durante la época de los Reinos Combatientes muchos filósofos viajaban al reino de Qi para ofrecer sus estrategias y tácticas de guerra. El rey Xuan les recibía con gran hospitalidad y les ofrecía residencias lujosas, regalos y salarios . Xuan se jactaba de haber creado una academia con cientos de pensadores, la academia Ji Xia. Por aquellos días, uno de los debates era cómo las cosas habían llegado a ser. Dos académicos, Ji Zhen y Jiezi, tomaron posturas contrapuestas: por un lado, nada o nadie lo hizo y, por el otro, algo o alguien lo causó.

En lo que muchos expertos parecen estar de acuerdo es que, ya se trate de temas para debatir o para improvisar, no hay un autor único tras el Tianwen, pero al ensayista Eliot Weinberger le gusta pensar que fue escrito por Qu Yuan, y que es él quien se hace a sí mismo las preguntas.

En cuanto a mí, la teoría de la academia me parece muy interesante, pero me gusta pensar que hay un autor único. Y no me parece tan descabellado que fuera Qu Yuan y que escribiera los versos en forma de preguntas por miedo a las represalias.

En el artículo anterior ya conté que Qu Yuan fue desterrado en dos ocasiones y que en su segundo exilio se suicidó. En la corte tuvo que soportar las traiciones y envidias del ministro Jin Shang y de la concubina del rey Zheng Xiu, por lo que no es de extrañar que tuviera cuidado con lo que decía y escribía. Hay dos versos del Tianwen que bien pueden ser los de un hombre atrapado entre la lealtad al rey y la comprensión de que la virtud no le va a salvar:

El mandato del cielo no está asegurado.
¿Quién es castigado, quién es socorrido?


 

Visita la web de la autora: anaarandavasserot.wordpress.com




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