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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Te quiero, sí, no, no sé


El esperado debut en el largo de Ficarra y Requa bebe de demasiadas películas “ya realizadas” y de fuentes excesivamente dispersas como para convencer al espectador.

Estamos ante una comedia llena de puntos dramáticos e incluso oscuros que narra la historia de Steven Rusell (Jim Carrey), un joven cuyo medio de supervivencia consiste en el engaño y en la estafa, quien después de casarse y llevar una “existencia ejemplar” decide “salir del armario” y lanzarse a una vida por encima de sus verdaderas posibilidades. El histrionismo de Carrey –despojando a su personaje de todo misterio– contrasta con la sensible interpretación de Ewan Mc Gregor, ese joven tímido del que se enamora en el interior una prisión algo irreal. I love you, Phillip Morris no es mejor ni peor que otras comedietas románticas de éxito a las que se han añadido algunos aspectos novedosos: el chiste cruel, la irreverencia, la relación íntima entre dos hombres y un desarrollo tan lleno de giros argumentales insospechados como cercano a la astracanada.

Rodada con soltura pero sin encanto, I love you…abusa de los lugares comunes, y su vertiente de sátira de costumbres y de crítica de los valores sempiternos de la sociedad estadounidense se diluye porque los realizadores se ponen al servicio de la “vis cómica” de Jim Carrey, en una interpretación esforzada pero molesta, que banaliza los aspectos más tiernos y también los más sombríos de esta historia de amour fou e identidades desdobladas.

Phillip Morris, te quiero se ha estrenado con retraso en todo el mundo a pesar de ser sexualmente recatada, narrativamente cómoda y poco estimulante. La película se ve sin esfuerzo, pero sus propósitos no se consiguen y el espectador sólo puede apreciar la destreza con que los directores resuelven los aspectos más inverosímiles del relato y la extraña química que, a pesar de todo, acaba surgiendo entre estos dos hombres Una comedia negra de consumo fácil pero rápido olvido, trufada por pequeños puyazos a una sociedad conservadora que no acaban de funcionar debido a un tono superficial, excesivamente ligero y apresurado que echa a perder un relato lleno de posibilidades dramáticas, humorísticas y visuales.




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