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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

EnREDados


La red social es el último y uno de los más sólidos trabajos de un realizador sobrevalorado donde los haya: David Fincher. Astuto narrador, constructor de atmósferas turbias e historias enrevesadas, Fincher nos ha entregado algunas de las películas más polémicas de las décadas pasadas: como Seven o El club de la lucha”, donde el esfuerzo de los actores salvaban la estética de videoclip y la mediocridad de los guiones.

La red social, como Zodiac, es un trabajo más reposado, maduro e intelectual que se adentra, con agilidad narrativa y solidez expositiva, en los orígenes de lo que hoy conocemos como Facebook. Fincher, un cineasta mucho más acomodaticio de lo que aparenta, no se atreve a hablar de los orígenes de Internet —bastante más turbulentos— y nos obsequia con una historia bien contada, interpretada con dignidad (merece destacarse, sobre todo, el esforzado trabajo del joven Justin Timberlake), pero demasiado pulcra y algo fría.

Está narrada con virtuosismo, y arropada por una producción medida e impecable, aunque el espectador deba conocer de antemano algunos de los secretos del mundillo de las relaciones sociales virtuales para comprender todos los hilos dramáticos de un filme que oscila entre la ópera social, la sátira y otro canto, típicamente estadounidense, a las bondades del individualismo, la masculinización de la imagen del “joven triunfador” y la competitividad feroz. La tentación de Fincher de dar al público la historia demasiado mascada, y la escasez de verdaderas sorpresas —a pesar de su saludable humor negro— estropean el desarrollo fluido y la progresión dramática de un filme apreciable y dotado de ritmo, pero carente de verdadera poesía y de la suficiente intensidad.

La red social es una película bien construida, dotada de un montaje ágil, que se ve sin el menor esfuerzo, pero donde la modernidad oculta, de nuevo, formas barrocas y algo oscuras de clasicismo cinematográfico. Algo así como intentar corromper a Frank Capra y que sea él quien realmente esconda un as bajo la manga.




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