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Evaristo Aguirre

Esteta


Nació en Florencia, en una familia inglesa (bueno, la madre era americana), y creció en un espectacular palacio de la ciudad, La Pietra; cómo sería el palacio, que durante la primera guerra mundial –lo cuenta en sus memorias–, algunas dependencias sirvieron de hospital para soldados británicos heridos, y la familia seguía residiendo allí, había sitio para todos. Se fue con diez años o así, junto a su hermano, a Inglaterra a estudiar y en los años veinte vivió en China, casi como un chino. Entre medias, escribió poesía, historia, ensayos, tradujo, se relacionó con los creadores británicos de la época, con lo más granado. Después de China, hizo más cosas, hasta su muerte, en 1994, pero son estos primeros años del siglo XX los que componen el tiempo de Memorias de un esteta, que son las memorias de Harold Acton, aparecidas originalmente en 1948 y ahora traducidas al español (por Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar) y publicadas por la editorial Pre-Textos.

Acton se sentía mediterráneo, más que inglés; parlaba italiano como nativo que era, se llegó a manejar en chino a un nivel imperial, y se quejaba de esos que hablaban inglés como segunda lengua no lo hicieran con la perfección suficiente para poder disfrutar con la conversación, para los matices, las ironías… Lo de ser un esteta no es una pose, no, la belleza y el arte en sus diferentes manifestaciones fueron el centro de la vida de Harold Acton. Se relacionó con Evelyn Vaught, Cyril Connolly, Virginia Woolf, los hermanos Sitwell, George Orwell, Aldous Huxley, Anthony Powell, Gertrude Stein, entre otros y solo destaco personajes que conozco, pues la nómina de poetas, pintores, historiadores que aparecen en estas memorias es mayor. Tomó partido en las polémicas culturales, abanderó movimientos estéticos.


No hay nostalgia en este texto, lo que hay es la crónica feliz y satisfecha de unos años vividos con pasión y con intensidad. Al final de este libro, el autor tiene apenas 40 años y desde luego que ha vivido; y lo ha hecho como un auténtico esteta. Esteta: podría sonar un podo ridículo, petulante, llamarse así a uno mismo, y Acton es muchas cosas, pero para nada ridículo o petulante.

Buscando esta foto suya que ilustra mi texto, di con su necrológica en el diario The Independent, y descubro que hay muchas más cosas interesantes en la vida y la familia de Harold Acton. Qué envidia de tío, la verdad.

eaguirre@divertinajes.com




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