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Círculo de iluminación

Eva Orúe

El escalofrío

eorue[arroba]divertinajes[punto]com

 

Una semana movidita, sí señor. Servidora sigue de bólido, como pu… geisha por arrozal, de aquí para allá, de acullá a Cornellá. Y el mundillo anda acelerado. Y, me temo, confuso.

Una polémica


Primero fue la presentación. De la lista, quiero decir. ¿Cuál? La de los mejores narradores jóvenes en español. Pueden releerlo, por ejemplo, aquí.
No sé quién abrió fuego, pero Alberto Olmos dedicó unas líneas al hecho en su blog.

Luego, Ignacio Echevarría escribió primero en Cuarto Poder y más tarde en El Cultural sendos artículos contra la manera de gestionar la iniciativa, y también contra la actitud los periodistas convocados por quienes la patrocinaban: la prensa cultural del país, escribió, ha obedecido al reclamo de una grosera operación de márketing comercial.

Por fin, desde la web de Granta, Aurelio Major, uno de los criticados, se defendió atacando con un texto titulado, para que no quepan dudas, El listillo. Si Echevarría hubiera tenido la probidad de leer la introducción a este número de Granta que recoge a los que a nuestro juicio son los mejores narradores menores de treinta y cinco años, apunta, no habría tergiversado hechos que me conciernen en sus improvisadas notas.

De momento, lo dejamos ahí. ¡Y luego dicen que no hay pasión en las letras hispanas!

Un correo


Me escriben.

«Somos Principal de los Libros.

»Si no te suena nuestro nombre, es normal, pero después de hoy ya no podrás olvidarlo. Puede que estés pensando «justo lo que el mundo necesita, otra editorial», y tendrás razón. El mundo nos necesita. Y por eso estamos aquí. Vamos a publicar libros diferentes, emocionantes, divertidos... queremos sorprender. Nuestros libros serán siempre distintos y nunca convencionales. Si no nos crees, sigue leyendo.»

Y sigo, claro.

Y me entero de que quieren publicar libros de ficción y no ficción tanto nacional como extranjera, y que arrancan con Breve historia del culo, de Jean-Luc Hennig; En nombre de la sangre derramada, de Pierre Simenon (el hijo de Georges); y un libro, llamado Homicidio, del tipo que se inventó la serie The Wire, David Simon.

También un libro divertido y gamberro sobre literatura escrito por un librero de Barcelona llamado Javier Traité que es Historia torcida de la literatura. Y una novela de amor, pasión e intriga que está basada en la serie de gran éxito Los Tudor y está escrita por su creador Michael Hirst que es Los Tudor: La amante del Rey.

Y les escribo

Atraída sobre todo por el nombre, Principal de los libros, cuando apenas hace unos meses nació Ático de los Libros.

Y claro…

«Somos Principal de los Libros porque estamos en el mismo edificio que Ático de los Libros. Somos las dos caras de un mismo proyecto. Yo soy la responsable de Principal y Joan Eloi es el responsable de Ático, en lo demás nos apoyamos en todo lo posible. Funcionamos como editoriales independientes cada una con su línea y su catálogo que, como habrás notado, son muy distintos.»

Yo es Gema Moraleda. Joan Eloi es Joan Eloi Roca. Y el último tercio lo ocupa Claudia Casanova

No cabe otra cosa que desearles suerte.

Otro (correo)

Me escribe alguien que prefiere no ser identificada. Firma su correo: «Una artesana de la palabra». Y me dice algo que copio íntegramente, porque sus preocupaciones —obviamente no sus experiencias— son las mías. Es un poco largo, pero les pido paciencia.

«Llevo tiempo queriendo escribirte y, finalmente, me he animado con el último Divertinajes. Recojo de él algunos hilos para exponer cuál es la situación que estoy viviendo últimamente en mi trabajo de correctora autónoma para varias editoriales.

»He desarrollado mi experiencia profesional en diferentes departamentos: comunicación, realización, producción, edición, y, desde hace unos cuantos años, trabajo como editora externa para diferentes editoriales.

»Desde hace algún tiempo, y con la excusa de la crisis, he sufrido en mi trabajo una serie de (re)ajustes e imposiciones que ponen en evidencia la verdadera esencia de la crisis y que en mi opinión no es otra que una crisis muy profunda de valores. Todo ello implica una gran falta de ética y de respeto por el trabajo. Soy de las que piensan que una crisis, sea del tipo que sea, es la mejor oportunidad que cualquier persona tiene para resurgir renovada de las cenizas. Pero para ello no sirven los atajos. Requiere aprender con humildad de los errores con el firme propósito de mejorar. Y creo firmemente que ese proceso renovador ha de hacerse a través de la excelencia.

»Sin embargo, desde hace un tiempo me encuentro con que con la excusa de la crisis se han llevado a cabo ciertas prácticas editoriales que dejan mucho que desear. Precisamente de esa mala praxis me gustaría hablar.

»Mis funciones como editora de mesa se han visto reducidas y limitadas al de correctora con la consecuente imposición de una reducción considerable de las tarifas y, además, un alargamiento en los plazos de pago. Todo ello en nombre de la crisis, y, con esta excusa, y en un país en el que la picaresca parece formar parte de nuestra idiosincrasia, me llegan encargos en los que la falta de ética y el poco respeto por la profesión se hacen evidentes.

»Si antes, y para dejar un texto bien pulido, era necesario hacer como mínimo tres correcciones del texto, ahora, por ejemplo, me piden que realice una única “corrección ortotipográfica profunda”. ¿Qué quiere decir esto? Se traduciría de la siguiente forma: “hazme una corrección de estilo muy, muy profunda porque sólo se va a hacer una única corrección pero, eso sí, te la pagaré al precio de corrección ortotipográfica”. Los entendidos ya saben de qué les hablo, ¿verdad?

»Aquí no acaba la cosa, hace unos meses me encargaron una “corrección especial” y yo, ingenua de mí, pensé que se trataría de un texto delicado y frágil que habría que tratar con cariño especial. Es decir, un regalo, una delicia para cualquiera que se dedique a esto. Todo lo contrario. Se trataba de un texto en fase terminal y con respiración asistida. Habían traducido el texto con un traductor automático (!!!!!) y pretendían que limpiara el texto de una serie infinita de errores, incoherencias y heridas mortales. Obviamente, les dije que no podía aceptar ese encargo y que consideraba que era una ofensa para los que amamos esta profesión y que sería preferible que contrataran lo servicios de un buen traductor y que se respetaran los pasos fundamentales en la edición de un libro.

»Y aún hay más. Ahora se han puesto de moda las «catas» y no precisamente de buenos caldos. Meses atrás me llegó el siguiente encargo: realizar «catas» de una serie de textos. Leyendo una pequeña muestra de páginas elegidas al azar, había que detectar aquellos textos que podían quedar eximidos de pasar el proceso de corrección (!!!!!!) o bien que podían ser limpiados por encima, de cualquier manera, como quien coge el plumero y lo pasa superficialmente por las palabras.

»Por otro lado, a veces me llaman los editores para que les cuente de qué va el libro que estoy trabajando (!!!!!) cuando se supone que son ellos los que lo han comprado y que por tanto son libros que deberían haberse leído previamente.

»Todos estos ejemplos afectan a editoriales conocidas, grandes grupos y también editoriales medianas y pequeñas, que afilan los dientes en una lucha incisiva por llenar las mesas de novedades de las librerías sin importarles la calidad de lo que sobre ellas colocan. Sirvan, por tanto, los ejemplos expuestos como muestra para poner en evidencia cuáles son las carencias del sector (aunque me temo que es extensible a otras parcelas de la vida).

»En mi opinión, creo que se ha perdido el respeto por el oficio cuya esencia va más ligada al de ser orfebres de la palabra. Y ser artesanos de la palabra requiere tratarla con cariño, mimo y respeto. Sin lugar a dudas, ese trato amoroso y escrupuloso es cada vez más necesario por no decir imprescindible. 
»No me siento con fuerzas para hacer frente a toda esta caterva de malandrinos encantadores que truecan la praxis y las cifras y otros mil detalles escurridizos, hasta que una ya no sabe si eran gigantes o molinos. Qué pena, ¿no?

»Todo ello me hace pensar en el papel tan relevante que tuvieron los impresores (sobre todo, algunos alemanes, como Pablo Hurus) en los albores del Humanismo: cómo se rodeaban de un círculo de intelectuales que aconsejaban qué títulos imprimir, cómo cuidaban hasta la obsesión los detalles de realización e impresión... en fin, igual que ahora.» 

Sólo me queda darle ánimos, y desearle lo mejor. Eso, a ella, A los demás, creo, nos toca reflexionar.

Un detalle


La semana pasada comenté (por gentileza de Margarita Sañudo, que fue quien lo cazó) un gazapo hallado en la web de Carmen Posadas (“Yo, y mis contracciones”). Y Carmen, a la que no tengo el gusto de conocer, ha tenido la amabilidad de escribirme: «Querida Eva. ¡Glub! Qué plancha, no me había dado cuenta en absoluto. Gracias por sacarme los colores, seré más aplicada en el futuro».

Aprovecho esta circunstancia para hacer acuse de recibo de su último libro, Invitación a un asesinato (Planeta). Dicen que es su novela más desenfadada, y que la trama está trufada de guiños a Agatha Christie, Arthur Conan Doyle y Alfred Hitchcock.

 



En el último Escaparate de la edición independiente:

:: Dog Soldiers, de Robert Stone (Libros del Silencio).
:: Marea de sangre, de José Luis Muñoz (Erein);
:: La mujer muerta, de Manuel Rico (Rey Lear);
:: Territorio Estrecho, de Juan José Téllez (Centro Andaluz del Libro):
:: Los Topos, de Jesús Torbado y Manuel Leguineche (Capitán Swing); y,
:: La piel de la memoria. Beloved y Paraiso de Toni Morrison, de Julia Gutiérrez Muñoz (Alfar).


Revista Mercurio

Entre otras, con estas colaboraciones:
Hitos de la ciencia ficción, por Luis Alberto de Cuenca.
Los nuevos autores de CF, por José López Jara.
Manipulación de monstruos, por Fernando Savater.
Entrevista con Víctor Conde, por Héctor Márquez.
H.G. Wells, EL rumor del futuro, por Félix J. Palma.

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