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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Libres


¿Somos libres?
Alicia está enrollando un hilo de seda mientras observa por la ventana lo que sucede afuera... algo que le fascina hacer... algo que hace casi siempre. Casi siempre que se lo permito o casi siempre que ella se toma el permiso sin ni siquiera preguntarme.
¿Es libre?

Alicia- ¿Soy libre?- el movimiento mecánico de enrollar el hilo se detiene por unos instantes. Sus dedos pálidos ahora mismo, se agarrotan ligeramente y se asemejan a unas pequeñas garras de animal.

La libertad, igual que un espejismo, aparece difuminada tras el cristal de lo racional, de lo que el intelecto acostumbra a manejar. Libertad de decisión. Libertad de movimiento. Libertad de elección. Libertad sobre el propio cuerpo, sobre los pensamientos, sobre los deseos, sobre los propios actos. ¿Acaso es real?... o es ese luminoso espejismo en medio del desierto hiperpoblado de toda clase de cosas, de visiones, de personas, de imágenes, de materia que parece tangible, de sueños que simulan ser realizables, de deseos que se escurren entre los dedos por mucho que se aprieten con fuerza unos dedos contra otros, por mucho que ahuequemos las palmas.
Caen.

Caen los deseos.

Los deseos que caen arenosos sobre el polvo árido y enseguida desaparecen sin rastro, sin huella, sin vestigio de haber sido tangibles.

Pero parece que somos libres para volver a desear. Desear algo, desear a alguien, desear nuevas vivencias, desear nuevas visiones, nuevas experiencias o desear aquellas que ya pudimos percibir alguna vez y que tanto nos gustaron, que tan bien nos hicieron sentir. Parece. Parece que somos libres.

¿Somos libres?

Alicia termina de enrollar la seda y deja sobre la mesa un ovillo brillante y listo para poder ser desenrollado una vez más. Alicia sigue mirando ventana a través y una muy fina y minúscula sonrisa se intuye en el semiperfil que queda descubierto para mí.

Soy libre para quererla. A mi Alicia. ¿Es mía? No, no lo es. No lo eres Alicia... Eres libre.
Libre. O eso parece... Si tanto lo deseas, sal. Sal fuera Alicia y toca con tus manos todo aquello que miras desde aquí, desde esa ventana, que ya es tu ventana y no la mía.
Yo cuidaré de tu ovillo y lo enrollaré y desenrollaré todas las veces que haga falta hasta que vuelvas, hasta que vuelvas.
¿Volverás?
Alicia se gira hacia mí y fija sus ojos en los míos.


Un ligero temblor, me recorre entera. Como si fuera el ala de un pájaro que me atraviesa, traspasa. La caricia agitada del ala de un pájaro.

 

Pequeños Deberes- Sueña, duerme, sueña... y cuando despiertes por la mañana, sal a caminar, observa lo que te rodea, míralo, abre los brazos y deja que el aire te recorra. ¿Qué sientes? ¿Qué piensas? ¿Dónde estás realmente? ¿Eres libre? ¿Cómo percibes esa noción de libertad? ¿En tu cuerpo? ¿En tu mente? O acaso................................

 

Fotos- Angel Navarro




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