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Errata

Evaristo Aguirre

Lo que hay que tener

Lo he hecho más de una vez, y no sé si es un buen camino esto de leer las memorias de un escritor de quien no conoces su obra, pero cuando aparece un libro, un par de reseñas o tres te llaman la atención y te apetece hincarle el diente, no vas buscar primeros sus novelas o relatos anteriores y leerlos todos para estar en disposición de enfrentarte a sus recuerdos, ¿no? Me ha ocurrido con Quemar los días, de James Salter (Salamandra, con la traducción de Isabel Ferrer Marrades, publicado en español en 2010 aunque su edición original es de 1997).


Con el título de Lo que hay que tener se publicó en español The Right Stuff, el gran reportaje dedicado a los primeros astronautas de ese señor –periodista, para más señas– que se viste siempre de blanco llamado Tom Wolfe. Y “lo que hay que tener” se le puede aplicar a la vida (y a la actitud) de James Salter (Nueva York, 1925), quien antes de publicar su primera obra literaria pasó por West Point y por las Fuerzas Aéreas estadounidenses, en las que sirvió en Corea (cuando la guerra). Y claro, estas memorias tienen mucho más de esta primera parte que de las dudas, psicosis o meditaciones de un escritor porque, y creo que es fácil de entender, cuando has volado sobre territorio enemigo, has perdido compañeros, has tenido accidentes aéreos, has estado sometido a la disciplina militar, etc., a la hora de recapitular sobre tu existencia, estas cosas deben de tener un peso específico mayor que eso de enfrentarse a la página en blanco, que tanto se repite en las entrevistas  con escritores.


Pero ojo, Salter no deja de referirse a su actividad literaria, claro que no, pero lo hace de otra forma, evitando al lector disquisiciones sobre la cocina de los libros. Salter coqueteó, como tantos escritores americanos, con Hollywood y sus guiones; trató a colegas del gremio; pasó temporadas largas en Europa… Salter ha vivido mucho, en un sentido muy clásico de la expresión: viajes, emociones, mujeres… Podría haber escrito las memorias de un sobrado (yo, con la mitad de esta vida, lo habría hecho), pero no, parece que es un tipo que tenía ganas de dejar constancia de una experiencia, sin restregarnos que fue una experiencia especial o superior, simplemente fue la suya y la ha contado. Me han gustado estas memorias, pero no he salido corriendo a buscar los otros libros de James Salter; me encontraré con alguno de ellos, seguro, y lo leeré con ganas, pero sin prisas.

eaguirre@divertinajes.com




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