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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Moralejas para Amador


Lo más reciente de Fernando León de Aranoa es una muestra de lo mejor y lo peor de su cine.

Partiendo de una idea inteligente  y con un reparto más que eficaz, sostenido por un excelente Celso Bugallo y una correcta Margary Solier, nos cuenta una historia sobre la inmigración, la vejez, la soledad y el desamor y lo hace con notable oficio, pero con algunas cartas marcadas. Así, de nuevo, el director de Los lunes al sol no puede evitar la tentación de sermonear al espectador casi tanto como los personajes se sermonean entre sí recurriendo a unos secundarios que se acercan peligrosamente al estereotipo.

Amador bebe no solo de algunos de las películas anteriores de León de Aranoa, sino también de toda una tradición del cine español con vagos ecos de Berlanga, Bardem y Buñuel pasada por la mirada de un realizador joven e inquieto, pero más dotado para la construcción de historias que para una puesta en imágenes que ―aunque sobria e intensa― roza continuamente la cursilería y la retórica.

A través de  una fotografía cuidada y una banda sonora tenue, Amador nos acerca  a la vida de Marcela, joven inmigrante  peruana que cuida de un hombre mayor postrado en su cama. La película combina el humor negro y  la filosofía de bolsillo con el melodrama social, la comedia de costumbres con la mirada incisiva a la lucha por la supervivencia de los que vienen de fuera. Excesivamente «correcta» en su lenguaje sociopolítico, poco atrevida al retratar los sentimientos encontrados de su joven protagonista, Amador trata demasiados temas,  pero falla en la parte dramática: da al personaje encarnado por Solier un papel excesivamente pasivo, la observa con cierto paternalismo.

Estamos ante un trabajo bien acabado, el filme de un guionista astuto, un director aplicado pero poco expresivo y un dialoguista todavía tentado por la moraleja. Un filme hermoso y que se ve con agrado, pero que nuevamente quiere decir demasiadas cosas dejando poco espacio para las regiones de ambigüedad debido a un exceso de sentencias verbales y metáforas visuales.




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