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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

A ¿? metros bajo tierra


Enterrado, el último filme de Rodrigo Cortés, retoma ―bajo un prisma bien diferente― algunos de los temas de Concursante: la soledad, la anulación por el sistema de la personalidad del individuo y el asilamiento de éste frente a una maquinaria social movida por intereses económicos.

En esta ocasión Cortés abandona el tono de sátira surrealista de su anterior trabajo y se decanta por un angustioso y formalmente brillante ejercicio de estilo en el que el espectador debe convivir con Paul Conroy (Ryand Reynolds, que logra salir airoso de un papel a la vez fácil y difícil), un transportista estadounidense enterrado en un ataúd de madera en un lugar desconocido de Irak. Cortés no profundiza en el trasfondo sociopolítico del asunto sino que desarrolla, mediante una puesta en imágenes más que brillante, un tour de force que acerca su trabajo a dos géneros: el thriller y la parábola pesimista.

Con un guión hábil ―aunque no especialmente brillante― y una contrastada fotografía de Eduard Grau, el director dosifica meticulosamente los momentos del descenso a los infiernos de este hombre común que intenta salir de su encierro, y no escatima ironía ni humor negro en lo que se refiere a sus desesperadas conversaciones con un mundo exterior que está lejos de mostrarse altruista ante su situación.

Buried es una película claustrofóbica sostenida por una cuidadosa fragmentación en planos del lugar, del rostro y del cuerpo de un hombre que se debate por comunicarse con el exterior. Podemos achacarle un exceso de metáforas, el oportunismo en el tema elegido y cierto tonillo discursivo en algunos diálogos, pero la dirección es más que brillante y consigue que incluso el espectador avisado pase un mal rato recurriendo a giros argumentales inesperados, pequeños objetos, expresiones del protagonista, sonidos y voces que acercan su filme a los cuentos de Poe o al moderno cine de terror.

Cortés ha manifestado que Buried, como Concursante, es testimonio de su falta de fe en el futuro de la especie humana, lo que, de entrada, no las hace películas cómodas. Pero en esta ocasión el realizador baja el tono del mensaje a favor del suspense y la angustia, demostrando su talento para lograr dotar de dinamismo a una situación de tensión en la que el espectador debe aceptar ciertas convenciones argumentales para entrar en un filme que es ante todo una efectiva muestra de horror metafísico.




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