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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Rabat

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En Rabat, coincidimos en el Hotel (de muchas estrellas en la fachada y pocas luces en Recepción) con Julio Iglesias, que cantaba esa misma noche en una explanada al otro lado de la calle (pasamos por allí cuando volvíamos de cenar y el ambiente era de romería amenizada por orquesta veraniega; bailar bailamos, y hasta cantamos, pero…).

La capital marroquí compensa la escasez de monumentos y museos reseñables con el atractivo arquitectónico y la animación de sus calles, tanto que el tiempo se nos pasó callejeando y tendremos que volver para contemplar los tesoros del Palacio de los Oudayas y los del Arqueológico.


Parque


Avenida Mohamed V

Un buen camino de inmersión puede ser el que se inicia en la Avenida Mohammed V y nos lleva hasta la mismísima orilla del mar (y desembocadura del río), Medina a través.

Sentarse en una terraza de la Avenida Mohammed V, en el corazón de la Nueva Villa construida por los franceses, es contemplar el Marruecos modernizador, pujante.


Medina

Perderse por la Medina es eso: perderse. Perderse entre puestos de chilabas y mesas de té, entre puestos de pufs y pastelillos de miel, entre puestos de tapices y lámparas… Perderse por la Medina es tan fácil para los europeos, medrosos, que en algunos restaurantes cuentan con guías que candil en mano esperan en una de las puertas del recinto para conducir callejeando a los clientes deseosos de buen cuscús y sabrosa pastela y nula aventura, por ejemplo.


Casba de los Oudayas

Adentrarse en la casba de los Oudaya, entre la Medina y la playa, es visita obligada: a media tarde, para tomar un té a la menta en el café sobre la desembocadura del río con vistas a Salé, pasado el jardín andaluz; al atardecer para contemplar la puesta de sol desde el descuidado mirador al que sólo puede llegarse cruzando la vieja casbah de casas encaladas con amplios zócalos añiles. 

De la misma época que la interesante puerta de entrada a la casba de los Oudaya, siglo XII, es la Torre de Hassan, un minarete inacabado que comparte esplanada con restos de las columnas de mármol que debieron sostener en su día la Mezquita más grande del mundo, y que hoy sirven de plaza, de antesala, al Mausoleo de Mohamed V. Un derroche de refinamiento en cuyo interior reposan también los restos de Hassan II.


Torre de Hassan y Mausoleo Mohamed V

Y si os gustan las cigüeñas, no podéis dejar de ir a Chellah, la ciudad romana abandonada durante siglos y convertida en necrópolis a principios del siglo XIV. La puerta de acceso da idea de la majestuosidad de la obra. Hoy, el minarete policromado, el estanque sagrado, las tumbas… todo ha sido invadido por una vegetación exhuberante de la que se han apoderado cientos, miles de cigüeñas que inundan el espacio con el clac clac de sus picos. Resulta ensordecedor.


Chellah

La mayoría de las fotos las hizo Eva Orúe; el resto, yo misma. 

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