Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Me rindo

Partidos de ideología racista o fascista consiguiendo escaños en los parlamentos de muchos países; gobiernos civilizados que inician campañas de deportaciones masivas por nacionalidades; grupos ciudadanos que piden más religión; derechos laborales conseguidos a lo largo de cien años borrados de un plumazo; sanidad y educación públicas tomadas a risa por una mayoría… Me rindo.

No merece la pena plantearse si lo del Tea Party tiene futuro, ni criticar al descendiente de inmigrantes Sarkozy empeñado en expulsar a otros inmigrantes, ni echarse las manos a la cabeza ante la posibilidad de que tengamos, no estoy seguro de estar exagerando, que pagar para trabajar. Ya han ganado la partida. Mucha gente, muchísima, cree que lo mejor es no pagar impuestos y que el Estado, los Estados se encarguen cada vez de menos cosas: ni subsidios, ni subvenciones, ni ná de ná.   


Juventud americana, de Phil LaMarche (Anagrama, con traducción de Jaime Zulaika), cuenta la historia de un adolescente en una población de EE.UU. a la que está llegando a vivir gente nueva, procedentes de grandes ciudades, que se instalan en las zonas residenciales. Juventud Americana es el nombre de una organización política, juvenil, claro, de ultraderecha: creen en una América sin pecado original, en la que el gobierno federal ni pinche ni corte, en la que no haya nadie diferente entre los que viven cerca, en la que la violencia decidida por ellos es legítima y todo lo que está fuera de su círculo es ilegítimo y ni siquiera tiene derecho a existir; entre los miembros de Juventud Americana las respuestas a los problemas (o a lo que ellos creen que son problemas) son sencillas, sencillísimas. 

Es fascismo, no tiene otro nombre; como no tiene otro nombre quemar textos de la religión contraria, condenar por adulterio o por cosas parecidas, pasarse por el arco de triunfo los derechos (sexuales, laborales, etc.) de cualquier individuo.

En esta novela, la primera de LaMarche (New Hampshire, 1976), ante todo está la vida de Teddy, 14 años, en cuyo camino se cruzan un par de cosas malas. Es una historia que tiene el aliento de esas primeras novelas (El gran Meaulnes, La ciudad y los perros, El Jarama…), que transmite el latido inocente que el autor tuvo cuando tenía la edad del protagonista, que posee, estoy convencido aunque sin pruebas, mucha autobiografía sentimental.

Y están los de Juventud Americana, despreciables por idiotas y por peligrosos. Idiotas y peligrosos como todo ese coro de gente (insisto, casi una mayoría) que creen, por ejemplo, que no merece la pena mantener una sanidad pública y universal. Ellos tienen, ahora, seguros privados, pero no son capaces de mirar por los demás, claro que no, pero ni siquiera por ellos, pues en esa mayoritaria clase media acomodada que nos rodea se irán produciendo bajas: nadie cree que le tocará a él, pero siempre es un él quien cae (paro, sueldos bajos, servicios básicos –luz, y eso­– caros…). Y esas bajas se materializarán en gente, familias, quedando fuera del sistema y como el sistema se habrá despojado (por el bien de la economía) de todos los asideros que se le podrían ofrecer a los que caen, la caída será libre y sin fondo (de red ni hablamos). Sí, me rindo, han ganado.


eaguirre@divertinajes.com




Archivo histórico