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Crónicas asiáticas

Ana Aranda Vasserot

El peligro amarillo

anaarandavasserot@gmail.com

 


Cien años después de la aparición de los primeros relatos de Fu Manchú, escritos por el británico Sax Rohmer, de nuevo reaparece la metáfora del “peligro amarillo”. Eso sí,  la estética ha variado y el kimono de Fu Manchú se ha sustituido por un traje de ejecutivo, y sus aparatosos instrumentos de tortura por un maletín de cuero. El estereotipo se ha visto despojado de la sexualidad y misticismo de antaño. Los chinos malvados del siglo XXI son más bien contables un poco pusilánimes como el que sale en El caballero oscuro, la última película de Batman. Es de esperar que aparecerán cada vez más villanos chinos ahora que China se ha convertido en la segunda potencia mundial.


Sax Rohmer

Lo curioso, y lo peligroso,  de los estereotipos es que a veces son creaciones inconscientes. Sax Rohmer no inventó a su temible villano Fu Manchú movido por inquietudes políticas o por sentimientos de superioridad hacia el pueblo chino; de hecho, se defendió de las acusaciones en este sentido que le hicieron escritores de la época. En lo que sí mostró Sax Rohmer su perspicacia fue en detectar que  el público inglés estaba predispuesto a aceptar a un archicriminal oriental. Pero hagamos un poco de historia para entender por qué existía esa atmósfera favorable.


Alemanes pegando a boxers

Gran Bretaña en el siglo XIX era una gran potencia imperialista que tenía intereses comerciales en China. Los comerciantes británicos controlaban el negocio del opio, que cultivaban en la India, y rechazaron de pleno la prohibición de su comercialización en tierras chinas.  La confiscación del opio de un barco inglés por el gobierno chino originó la Primera Guerra del Opio. Pero fue tras la segunda cuando se firmaron los llamados Tratados desiguales, por los que el emperador Dao Guang tuvo que ceder a los ingleses la isla de Hong Kong y permitir la importación de opio. Estos sucesos crearon un clima en contra de los extranjeros, que culminó en el levantamiento de los Bóxers entre 1898 y 1901, en el que murieron centenares de extranjeros y miles de chinos cristianizados.  Las noticias que llegaban de Oriente a principios del siglo XX mezclaban la ocultación de los crímenes occidentales con la magnificación de los orientales. La rebelión de los Bóxer proporcionaba una excusa perfecta para Fu Manchú y su organización terrorista, el Si-Fan. El temor inglés fue el caldo de cultivo que hizo posible la popularidad de un personaje tan exagerado, casi paródico, como Fu Manchú.


El gobernador amarillo

Como se puso de manifiesto que los chinos no querían a los extranjeros, los británicos comenzaron a pensar, o al menos a propagar, la idea de que los chinos querían expandirse y dominar el mundo, que era, precisamente, lo que querían hacer los británicos (y que de hecho, hicieron).

Ya antes de la aparición de la primera historia de Fu Manchú, en octubre de 1912, se habían publicado novelas y cuentos sobre “el peligro amarillo”. El año 1880 apareció en San Francisco The last days of the Republic.  En la ilustración, extraída del libro,  podemos ver al nuevo gobernador de California, que es… ¡chino!  El público norteamericano estaba preparado, al igual que el inglés, cuando Sax Rohmer publicó sus novelas, a recibir sin críticas este discurso reduccionista.  Desde 1854 hasta 1874, una ley de California impidió  los ciudadanos chinos testificar en los juicios contra los “hombres blancos”.


Un chino en Deadwood

También podemos ver en la serie de televisión Deadwood, ambientada en una ciudad minera de Dakota del Sur en 1870, que los chinos viven en una barriada infecta y que se dedican a lavar ropa, que es el único trabajo que se les permitía realizar en las poblaciones mineras, debido a que no había suficientes mujeres para hacerlo.


Boris Karloff como Fu Manchú

En 1882, la Ley de Exclusión China prohibió a los chinos emigrar a Estados Unidos y la emigración se redujo de 30.000 a menos de 1.000.  Por su parte, William Randolph Hearst utilizaba constantemente en sus periódicos el término “peligro amarillo” para reflejar la amenaza de los emigrantes japoneses que llegaban a Estados Unidos.

La historia del “peligro amarillo” es la historia del miedo a lo desconocido, del conflicto de intereses, y de la pérdida de poder. Para terminar, me gustaría recordar que Blai Guarné define los estereotipos como una estrategia para salvaguardar nuestra integridad, “sin darnos cuenta de que esta integridad sólo es el producto arbitrario de nuestra manera de organizar el mundo en seguridades y temores”.

Ha habido muchos ejemplos, incluso España tiene mucho que decir y en este sentido y es muy recomendable la conferencia del profesor Joaquín Beltrán Antolín sobre este aspecto.

Visita la web de la autora: anaarandavasserot.wordpress.com




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